Roger Caillois, Los Juegos y Los Hombres

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R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRESLa mscara y el vrtigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONMICA M XICO

I

Primera edtfro **. 19

H n n irra edicin m francs,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei ///nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe 1^57, dition C a llin u rd , Parii

Amn US100 .

n. R. 1906. FoNno . CtnniRA ECONOMIC. S. . de C V.D. F.

ISBN 964815Im p * * * , cn M / v ic o

IN TRO D U CCI NLos juegos son innum erables y de m ltiples es pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons truccin, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm sfera de solaz o de diversin. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bin sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de sta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par to, se ponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. n efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estril. cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loteras no son la excepcin: no crean riquezas, sino que slo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla ram ente la caracterstica que ms lo desacredi ta. Es tam bin la que perm ite entregarse a l despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence as de que el juego no es 7

ms que fantasa agradable y distraccin vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etra especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias. En esas condiciones, parece tanto ms signifi cativo que .historiadores em inentes luego de es nidios profundos, y psiclogos escrupulosos lue go de observaciones repetidas y sistem ticas, se hayan credo obligados a Hacer del espritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio nes m s elevadas de su cultura, y p ara el indior, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m s ingeniosa que bien fun dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve niente analizar las ideas im plcitas que se repi ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me tfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilizacin, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones ms corrientes y tam bin m s cercanas al sentido 8

propio, la palabra Juego, designa, no slo .la ac tividad especifica que nom bra, sino tam bin la totalidad de las figuras, de los sm bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o .a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. Asf, se habla de un juego de naipes: conjunto de car tas; de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. Conjun tos com pletos y enum erables: un elem ento de m s o de m enos y el juego es im posible o fal so, a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intencin precisa: as ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. De la m ism a m anera, se h ab lar de un juego de r gano: conjunto de tubos y de teclas, o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife rentes velas de un navio. Esa idea de totalidad cerrada, com pleta en un principio e inm utable, concebida para funcionar sin o tra intervencin exterior que la energa que lo mueve, ciertam en te constituye una innovacin preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento, cuyos ele m entos son prcticam ente infinitos y, p o r o tra parte, se transform an sin cesar. La p alab ra jeu [juego] designa adem s el estilo, la m anera de un intrprete, m sico o com ediante, es decir las ca ractersticas originales que distinguen de los dem s su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra, no p o r ello es menos libre (den tro de ciertos lm ites) de m anifestar su perso 9

nalidad m ediante inim itables m atices o varia ciones. La palabra juego com bina entonces las ideas de lm ites, de libertad y de invencin^ En un registro vecino, expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en tarias de suerte y de habilidad, de recursos re cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli gencia ms o menos rpida que los pone en accin y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro vecho. Una expresin com o a voir beau jeu [ser fcil algo a alguien] corresponde al p rim er senti do. y otras com o jouer serr [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [drselas de listo ] rem iten al segundo; o tras ms, com o m ostrar su juego o, a la inversa, ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi pio y despliegue hbil de una estrategia m aestra. La idea de riesgo viene, al punto, a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluacin de los recursos disponibles, el clculo-de las even tualidades previsibles se acom paan rpidam en te de o tra especulacin, ung, especie de apuesta que supone una com paracin en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. De all las lo cuciones com o poner cti juego, jugar en grattde, jugarse el resto, la carrera, la vida, o incluso la com probacin de que Ju eg a no vale la cande la ^ c s decir, que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. Una vez m s, el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho, un elem ento favorable o m iserable, en

que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1, sin p oder haccr nada al res pecto, una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales, que un clculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y, en fin, una eleccin en tre la prudencia y la auda cia que aporta una ltim a coordenada: la me dida en que el jugad o r est dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa ms que p o r aque llo que domina. Todo juego es un sistem a d e reglas. stas de finen lo que es o no es juego, es decir lo perm i tido y lo prohibido. A la ve/., esas convenciones son a rb itrarias, im perativas e inapelables. No pueden violarse con ningn pretexto, so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_ este hecho. Pues nada m antiene la regla salvo* el deseo de ju g a r, es decir, la voluntad de respe tarla. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. Ahora bien, ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de I, en las diversas ac ciones o los diversos intercam bios a los ta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plcitas sem ejantes a las de los juegos. T an to m s conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sancin oficial castiga al com pa ero desleal. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego, ste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctn, toda treta o respuesta prohibida, que las convencio nes precisam ente tenan p o r objeto suprim ir, de com n acuerdo. E sta vez, lo que llam am os ju e go aparece como un conjunto de restriccionesII

voluntarias y aceptadas de buen grado, que ins tauran un orden estable, a veces una legislacin tcita en un universo sin ley. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am plitud, de facilidad de movim iento, una libertad til, pero o excesiva; cuando se habla del jue go c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per m ite el funcionam iento de un mecanismo. Por o tra parte, ese juego no debe s e r exagerado, pues la m quina parecera desbocada. As. esc . espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. Juego significa enton* ces libertad, que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que ste adquiera o conser ve su eficacia. Por lo dem s, el m ecanism o en tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac cin regular y com binada de las diversas p artes de una m q u in a/' En efecto, una m quina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. Pero, en el in terio r de ese juego, enteram ente exacto, in terviene un juego de o tra especie, que le da vida. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo jera, el segundo es elasticidad y margen de movimiento. I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cm o, no el juego m ism o, sino las disposiciones psicolgicas que m anifiesta y des

arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilizacin. En genera!, esos distini. to s sendospim plican ideas de totalidad, de re gla y de libertad. Uno de ellos asocia la presencia de lm ites con la facultad de inventar d entro de esos lmites.) O iro separa ertre los recur