Platon - Primer Alcibiades O de La Naturaleza Humana Azcarate

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Platon

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Primer Alcib?ades

El Primer Alcibades ( ) es un dilogo entre Alcibades y Scrates. En l, Scrates comienza por declarar su amor por Alcibades, y en la conversacin posterior Scrates intentar alejar a Alcibades de la poltica ateniense.

Ya en la antigedad se consideraba esta obra como uno de los mejores textos para introducir la filosofa platnica, razn por la cual se incluye tradicionalmente en el corpus platnico, pese a que no se tiene certeza absoluta acerca de su autora.

Platn

Primer Alcibades

o de la naturaleza humana

Obras completas de Platn: Dilogos socrticos - 4

ePub r1.0

Aquila 07.11.14

Ttulo original: Platn, ca. 400 a.C. (la fecha de publicacin es dudosa, pero generalmente se acepta que fue publicado en la primera mitad del siglo IV a.C.)

Traduccin: Patricio de Azcrate

Diseo de cubierta: Aquila

Imagen de cubierta: Alcibades siendo enseado por Scrates (Franois-Andr Vincent) - 1777 - leo sobre lienzo - Museo Fabre, Montpellier

Editor digital: Aquila

Texto basado en el de las "Obras completas" de Platn, a cargo de Rusli

ePub base r1.2

Argumento del Primer Alcibades, por Patricio de Azcrate

La naturaleza humana o el conocimiento de s mismo, considerado como punto de partida del perfeccionamiento moral del hombre, como el principio de todas las ciencias en general, y en particular de la poltica; tal es el objeto del Primer Alcibades.

Dos partes tiene el dilogo. La primera no es ms que un largo prembulo. Lo justo y lo til son por su orden objeto de esta discusin preliminar, cuyo enlace y sustancia son los siguientes: Scrates encuentra a Alcibades, que se dispone a subir a la tribuna de las arengas. Qu dir a los atenienses sobre sus negocios? Qu consejos les dar? Scrates lo pone en el caso de responder que comprometer a los atenienses a hacer lo que es justo. Pero indudablemente es indispensable que Alcibades sepa lo que es la justicia. Cmo puede saberlo? Puede saberlo por haberlo aprendido de algn maestro, o por haberlo aprendido por s mismo. Conformes ambos en que no lo ha aprendido de ningn maestro, Alcibades se ve precisado a confesar que tampoco lo ha aprendido por s mismo. Porque para aprenderlo por s mismo, es preciso hacer indagaciones, y para hacer indagaciones es preciso creer que se ignora lo que se indaga, y Alcibades, al no poder decir en qu momento crey ignorar lo justo, conviene implcitamente en que jams lo ha buscado, ni lo ha indagado, ni lo ha encontrado. Lo aprendi del pueblo? Pero el pueblo no puede ensear ms que aquello que sabe, la lengua, por ejemplo; pero no lo justo y lo injusto, sobre los cuales no est de acuerdo consigo mismo. Luego Alcibades, que no sabe lo que es justo, no puede aprenderlo de los atenienses.

Convencido de su ignorancia sobre este punto, no es ms afortunado cuando pretende aconsejar a los atenienses que hagan lo que es til. Scrates podra probarle, valindose del mismo razonamiento, que no conoce mejor lo til que lo justo, pero prefiere tomar otro camino. Valindose de una serie de deducciones un tanto prolija, sienta que lo que es justo es honesto, que todo lo que es honesto es bueno, que todo lo que es bueno es til; deduciendo de aqu la consecuencia de que lo justo y lo til son una sola y misma cosa, y que no al no conocer Alcibades lo justo, ignora por la misma razn lo til. De aqu se deduce que Alcibades es perfectamente incapaz de dar consejos sobre los negocios pblicos, y que carece de toda preparacin para la poltica. De dnde nace esta incapacidad? De que quiere hablar de cosas que no conoce. Si quiere gobernar a los dems, tiene que comenzar por instruirse l mismo, y el medio de instruirse es perfeccionarse, es atender primero a su persona. sta es la conclusin de la primera parte.

La segunda comienza por esta pregunta: cmo se atiende primero a su persona? Scrates multiplica las pruebas y las ms ingeniosas analogas, para demostrar a Alcibades que el arte de atender a su persona tiene por principio el conocimiento de s mismo. El hombre no puede perfeccionarse, es decir, hacerse mejor de lo que es, si ignora lo que es; ni desarrollar su naturaleza antes de saber cul es su naturaleza. De aqu este precepto clebre, que resume en cierta manera toda la enseanza filosfica de Scrates: Concete a ti mismo.

Pero qu es lo que constituye el yo, lo que constituye la persona humana? Es la reunin material de los miembros y de los rganos de su cuerpo, que son cosas que le pertenecen, pero que son distintas de ella, como lo son todas las cosas de que ella se sirve? Si el hombre no es el cuerpo, debe ser aquello que se sirve del cuerpo, y esto debe ser el alma que le manda. Y no puede ser el hombre el compuesto del alma y del cuerpo? No, porque en tal caso deberan el uno y el otro mandar a la par, cosa que no sucede, puesto que el cuerpo no se manda a s mismo, ni manda al alma. Por consiguiente solo queda esta alternativa: o el hombre no es nada, o es el alma sola. Scrates de esta manera establece a la vez la distincin profunda del alma y del cuerpo, y lo que es propio del alma, la libertad, como la esencia del hombre. ste es el verdadero objeto del conocimiento de s mismo.

Estudiar su alma, tal es el fin que debe proponerse todo hombre que quiera conocerse a s mismo. Pero cmo se la estudia? Aplicando la reflexin a esta parte excelente del alma, donde reside toda su virtud, como el ojo se ve en esta parte del ojo, donde reside la vista. Este santuario de la ciencia y de la sabidura es lo que hay de divino en el alma, y all es preciso penetrar para conocerse en su fondo. All est la ciencia de los verdaderos bienes y de los verdaderos males, no solo de aquel que se estudia, sino tambin de sus semejantes, organizados como l; all est el arte de evitar las faltas y ahorrarlas a los dems, es decir, de ser l mismo dichoso y hacer dichosos a los otros, porque, efecto de la satisfaccin moral y del remordimiento, el vicio y la desgracia, la virtud y la felicidad, marchan respectivamente juntos.

Por consiguiente, la virtud es moral y polticamente la primera necesidad de un pueblo y la causa misma de su prosperidad. He aqu lo que debe tener en cuenta el que quiera conducir y manejar los negocios pblicos. Y ensear al pueblo a ser virtuoso, si no lo es l mismo? Le conviene ms que a nadie tener el espritu fijo en esta parte de s mismo, reflejo de la sabidura y de la justicia divinas, donde aprender, que el esfuerzo supremo de su naturaleza libre, el secreto de su fuerza, consiste en aproximarse, por medio de la virtud que perfecciona, a la esencia del Dios que se refleja en l. Lejos de esta luz, no puede menos de caminar a ciegas y perder a los que sigan sus pasos. Vicioso y servil, solo es capaz de obedecer, como sirve el cuerpo al alma. La virtud, libre como el alma misma, de la que es su perfeccin til y justa, como Dios de donde ella emana, es la nica capaz de crear los verdaderos hombres de Estado y de labrar la felicidad del pueblo.

Primer Alcibades o de la naturaleza humana

SCRATES ALCIBADES

SCRATES. Hijo de Clinias, estars sorprendido de ver que, habiendo sido yo el primero en amarte, sea ahora el ltimo en dejarte; que despus de haberte abandonado mis rivales, permanezca yo fiel; y en fin, que tenindote los dems como sitiado con sus amorosos obsequios, solo yo haya estado sin hablarte por espacio de tantos aos. No ha sido ningn miramiento humano el que me ha sugerido esta conducta, sino una consideracin por entero divina, que te explicar ms adelante. Ahora que el Dios no me lo impide, me apresuro a comunicarme contigo, y espero que nuestra relacin no te ha de ser desagradable para lo sucesivo. En todo el tiempo que ha durado mi silencio, no he cesado de mirar y juzgar la conducta que has observado con mis rivales; entre el gran nmero de hombres orgullosos que se han mostrado adictos a ti, no hay uno que no hayas rechazado con tus desdenes, y quiero explicarte la causa de este desprecio tuyo para con ellos. T crees no necesitar de nadie, tan generosa y liberal ha sido contigo la naturaleza, comenzando por el cuerpo y concluyendo con el alma. En primer lugar te crees el ms hermoso y ms bien formado de todos los hombres, y en este punto basta verte para decir que no te engaas. En segundo lugar, t crees que perteneces a una de las ms ilustres familias de Atenas, que es la ciudad de mayor consideracin entre las dems ciudades griegas. Por tu padre cuentas con numerosos y poderosos amigos, que te apoyarn en cualquier lance, y no los tienes menos poderosos por tu madre[1]. Pero a tus ojos el principal apoyo es Pericles, hijo de Jantipo, que tu padre dio por tutor a tu hermano y a ti, y cuya autoridad es tan grande, que hace todo lo que quiere, no solo en esta ciudad, sino en toda la Grecia y en las dems naciones extranjeras. Podra hablar tambin de tus riquezas, si no supiera que en este punto no eres orgulloso. Todas estas grandes ventajas te han inspirado tanta vanidad, que has despreciado a todos tus amantes, como hombres demasiado inferiores a ti, y as ha resultado que todos se han retirado; t lo has llegado a conocer, y estoy muy seguro de que te sorprende verme persistir en mi pasin, y que quieres averiguar qu esperanza he podido conservar para seguirte solo despus que todos mis rivales te han abandonado.

ALCIBADES. Lo que t no sabes, Scrates, es que me has llevado de ventaja un solo momento, porque tena intencin de preguntarte yo el primero qu es lo que justifica tu perseverancia. Qu quieres y qu esperas, cuando te veo, importuno, aparecer siempre y con empeo en todos los parajes adonde yo voy? Porque, en fin, yo no puedo menos de sorprenderme de esta conducta tuya, y ser para m un placer el que me digas cules son tus miras.

SCRATES. Es decir, que me oirs con gusto, puesto que tienes deseo de saber cmo pienso; voy, pues, a hablarte como a un hombre que tendr la paciencia de escucharme, y que no tratar de librarse de m.

ALCIBADES. S, Scrates, habla pues.

SCRATES. Mira bien a lo que te comprometes, para que no te sorprendas si encuentras en m tanta dificultad en concluir como he tenido para comenzar.

ALCIBADES. Habla, mi querido Scrates, y por m te doy todo el tiempo que necesites.

SCRATES. Es preciso obedecerte, y aunque es difcil hablar como amante a un hombre que no ha dado odos a ninguno, tengo, sin embargo, valor para decirte mi pensamiento. Tengo para m, Alcibades, que si yo te hubiese visto contento con todas tus perfecciones y con nimo de vivir sin otra ambicin, hace largo tiempo que hubiera renunciado a mi pasin, o, por lo menos, me lisonjeo de ello. Pero ahora te voy a descubrir otros pensamientos bien diferentes sobre ti mismo, y por esto conocers que mi terquedad en no perderte de vista no ha tenido otro objeto que estudiarte. Me padece que si algn dios te dijese de repente: Alcibades, qu querras ms, morir en el acto, o, contento con las perfecciones que posees, renunciar para siempre a otras mayores ventajas?, se me figura que querras ms morir. He aqu la esperanza que te hace amar la vida. Ests persuadido de que apenas hayas arengado a los atenienses, cosa que va a suceder bien pronto, los hars sentir que mereces ser honrado ms que Pericles y ms que ninguno de los ciudadanos que hayan ilustrado la repblica; que te hars dueo de la ciudad, que tu poder se extender a todas las ciudades griegas y hasta a las naciones brbaras que habitan nuestro continente.

Pero si ese mismo dios te dijera: Alcibades, sers dueo de toda la Europa, pero no extenders tu dominacin sobre el Asia, creo que t no querras vivir para alcanzar una dominacin tan miserable, ni para nada que no sea llenar el mundo entero con el ruido de tu nombre y de tu poder; y creo tambin que, excepto Ciro y Jerjes, no hay un hombre a quien quieras conceder la superioridad.

Aqu tienes tus miras; yo lo s y no por conjeturas; bien adviertes que digo verdad, y quiz por esto mismo no dejars de preguntarme: Scrates, qu tiene que ver este prembulo con tu obstinacin en seguirme por todas partes, que es lo que te proponas explicarme? Voy a satisfacerte, querido hijo de Clinias y de Dinmaca. Es porque todos esos vastos planes no puedes llevarlos a buen trmino sin m; tanto influjo tengo sobre todos tus negocios y sobre ti mismo. De aqu procede sin duda que el Dios que me gobierna no me ha permitido hablarte hasta ahora, y yo aguardaba su permiso. Y como t tienes esperanza de que desde el momento en que hayas hecho ver a tus conciudadanos lo digno que eres de los ms grandes honores, ellos te dejarn dueo de todo, yo espero en igual forma adquirir gran crdito para contigo desde el acto en que te haya convencido de que no hay ni tutor, ni pariente, ni hermano que pueda darte el poder a que aspiras, y que solo yo, como ms digno que ningn otro, puedo hacerlo, auxiliado de dios. Mientras eras joven y no tenas esta gran ambicin, Dios no me permiti hablarte, para no malgastar el tiempo. Hoy me lo permite, porque ya tienes capacidad para entenderme.

ALCIBADES. Confieso, Scrates, que te encuentro ms admirable ahora, desde que has comenzado a hablarme, que antes cuando guardabas silencio, aunque siempre me lo has parecido; has adivinado perfectamente mis pensamientos, lo confieso; y aun cuando te dijera lo contrario, no conseguira persuadirte. Pero cmo conseguirs probarme que con tu socorro llegar a conseguir las grandes cosas que medito, y que sin ti no puedo prometerme nada?

SCRATES. Exiges de m que haga un gran discurso como los que ests t acostumbrado a escuchar? Ya sabes, que no es sa la forma que yo uso. Pero estoy en posicin, creo, de convencerte de que lo que llevo sentado es verdadero, con tal de que quieras concederme una sola cosa.

ALCIBADES. La concedo, con tal de que no sea muy difcil.

SCRATES. Es cosa difcil responder a algunas preguntas?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Respndeme, pues.

ALCIBADES. No tienes ms que preguntarme.

SCRATES. Supondr, al interrogarte, que meditas estos grandes planes que yo te atribuyo?

ALCIBADES. As me gusta; por lo menos tendr el placer de or lo que t tienes que decirme.

SCRATES. Respndeme. T te preparas, como dije antes, para presentarte dentro de pocos das en la Asamblea de los atenienses, para comunicarles tus luces. Si en aquel acto te encontrase y te dijese: Alcibades, con motivo de qu deliberacin te has levantado a dar tu dictamen a los atenienses? Es sobre cosas que sabes t mejor que ellos?, qu me responderas?

ALCIBADES. Te respondera sin dudar, que es sobre cosas que yo s mejor que ellos.

SCRATES. Porque t no puedes dar buenos consejos, sino sobre cosas que t sabes.

ALCIBADES. Cmo es posible darlos sobre lo que no se sabe?

SCRATES. Y no es cierto, que t no puedes saber las cosas, sino por haberlas aprendido de los dems, o por haberlas descubierto t mismo?

ALCIBADES. Cmo se pueden saber las cosas de otra manera?

SCRATES. Pero es posible que las hayas aprendido de los dems o encontrado por ti mismo, cuando no has querido ni aprender nada, ni indagar nada?

ALCIBADES. Eso no puede ser.

SCRATES. Te ha venido a la mente indagar o aprender lo que t creas saber?

ALCIBADES. No, sin duda.

SCRATES. Luego lo que t sabes ahora, hubo un tiempo en que pensabas que no lo sabas.

ALCIBADES. Eso es muy cierto.

SCRATES. Pero yo s, poco ms o menos, las cosas que has aprendido; si olvido alguna, recurdamela. T has aprendido, si no me equivoco, a leer y escribir, a tocar la lira y luchar, porque la flauta la has desdeado[2]. He aqu todo lo que t sabes, a no ser que hayas aprendido algo de que no d yo cuenta, a pesar de que da y noche he sido testigo de tu conducta.

ALCIBADES. Es cierto; son las nicas cosas que he aprendido.

SCRATES. Cuando los atenienses deliberen sobre la escritura, te levantars para dar tus consejos acerca de cmo es necesario escribir?

ALCIBADES. No, ciertamente.

SCRATES. Te levantars cuando deliberen sobre el modo de tocar la lira?

ALCIBADES. Vaya una magnfica deliberacin!

SCRATES. Pero los atenienses, no tienen costumbre de deliberar sobre los diferentes ejercicios de la palestra?

ALCIBADES. Convengo en ello.

SCRATES. Sobre qu esperas t que deliberen para que pueda aconsejarles? No ser sobre la manera de construir una casa?

ALCIBADES. No, ciertamente.

SCRATES. El ms miserable albail les aconsejara mejor que t.

ALCIBADES. Tienes razn.

SCRATES. Tampoco ser cuando deliberen sobre algn punto de adivinacin?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Un adivino sabe en esta materia ms que t.

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Ya sea pequeo o grande, hermoso o feo, de alto o bajo nacimiento.

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Porque un buen consejo viene de la ciencia y no de las riquezas.

ALCIBADES. Sin dificultad.

SCRATES. Y si los atenienses deliberasen sobre la salud de los ciudadanos, no buscaran un mdico para consultarle, sin averiguar si era rico o pobre?

ALCIBADES. Eso es bien seguro.

SCRATES. Con qu motivo y con qu razones te levantaras a dar a los atenienses buenos consejos?

ALCIBADES. Cuando deliberan sobre sus negocios.

SCRATES. Qu, cuando deliberan en lo relativo a la construccin de buques para saber la clase de los que deben construir?

ALCIBADES. No es eso, Scrates.

SCRATES. Porque t no has aprendido a construir buques, y he aqu por qu sobre esta materia no hablars. No es as?

ALCIBADES. T lo has dicho.

SCRATES. Cundo, pues, deliberan sobre sus negocios, dime?

ALCIBADES. Cuando se trata de la paz, de la guerra o de cualquier otro negocio que atae a la repblica.

SCRATES. Es decir, cundo deliberan con qu pueblos debe estarse en guerra o hacerse la paz, y cundo y cmo?

ALCIBADES. Eso mismo.

SCRATES. Si es preciso llevar la paz o la guerra a pueblos con que convenga adoptar uno u otro medio?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Consultando la conveniencia como mejor partido?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Y por todo el tiempo que convenga?

ALCIBADES. Nada ms cierto.

SCRATES. Si los atenienses deliberasen con qu atletas es preciso luchar, y con quines agarrarse de manos, sin tocar los cuerpos, y cmo y cundo es preciso hacer estos diferentes ejercicios, daras t mejores consejos sobre todo esto que un maestro de palestra?

ALCIBADES. El maestro de palestra los dara mejores sin dificultad.

SCRATES. Puedes decirme a qu atendera principalmente este maestro de palestra, para ordenar con quin, cundo y cmo deben hacerse estos ejercicios? No atendera a que se ejecutaran lo mejor posible?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Ordenara, como lo mejor, que se ejecutaran por todo el tiempo que se creyera conveniente?

ALCIBADES. Por todo el tiempo.

SCRATES. Y en las ocasiones que mejor conviniera?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Y el que canta no debe tan pronto acompaarse con la lira y tan pronto bailar, cantando y tocando?

ALCIBADES. As es preciso.

SCRATES. Y esto debe hacerlo, cuando sea lo mejor y ms conveniente?

ALCIBADES. Es cierto.

SCRATES. Y por todo el tiempo que mejor sea?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Puesto que hay un mejor en el canto y en el acompaamiento, como lo hay en la lucha, cmo llamas t a este mejor?, porque al de la lucha yo le llamo mejor gimnstico.

ALCIBADES. No te entiendo.

SCRATES. Procura seguirme. Si fuera yo, respondera, que este mejor es lo que siempre es bien; y lo que siempre es bien no es lo que se hace conforme a las reglas del arte?

ALCIBADES. Tienes razn.

SCRATES. El arte de la lucha no es la gimnstica?

ALCIBADES. As lo has dicho.

SCRATES. Pero no tengo razn?

ALCIBADES. Me parece que s.

SCRATES. nimo; a ti me dirijo, y procura responderme bien. Cmo llamas el arte que ensea a cantar, tocar la lira y bailar bien? No podras decrmelo en una sola palabra?

ALCIBADES. No en verdad, Scrates.

SCRATES. Haz un ensayo; voy a ponerte en el camino. Cmo llamas t a las diosas que presiden este arte?

ALCIBADES. Quieres hablar de las musas?

SCRATES. Ciertamente. Mira qu nombre ha tomado este arte de las musas.

ALCIBADES. Ah!, hablas de la msica?

SCRATES. Precisamente; y como te he dicho, que lo que se hace conforme a las reglas de la lucha y de la gimnasia se llama gimnstica, dime igualmente cmo llamas t lo que se hace segn las reglas de este arte.

ALCIBADES. Yo lo llamo arte musical.

SCRATES. Muy bien. Pero, dime, en el arte de hacer la guerra y en el de hacer la paz cul es lo mejor y cmo lo llamas? As como en cada una de las otras dos artes dices que lo mejor en el uno es lo que es ms gimnstico, y lo mejor en el otro lo que es ms musical, trata de decirme ahora, en lo que te he preguntado, el nombre de lo mejor.

ALCIBADES. No podr decrtelo.

SCRATES. Pero si alguno te oyese razonar y dar consejos sobre alimentos, y decir: Este alimento es mejor que aqul, es preciso tomarlo en tal tiempo y en tal cantidad, y l te preguntase: Alcibades, qu es lo que llamas mejor?. No sera una vergenza que no pudieses responderle que lo mejor es lo que es ms sano, aunque no seas mdico, y que en las cosas que haces profesin de saber y sobre las que te mezclas en dar consejos, como sabindolas mejor que los dems, no tuvieses nada que responder? No te llena esto de confusin?

ALCIBADES. Lo confieso.

SCRATES. Aplcate pues y haz un esfuerzo para decirme cul es el objeto de este mejor que buscamos en el arte de hacer la paz o la guerra, y con quin se debe estar en guerra o en paz.

ALCIBADES. Yo no podr encontrarlo por ms que me empee.

SCRATES. Qu, no sabes, que cuando hacemos la guerra nos quejamos de cualquier cosa que nos han hecho aquellos contra los que tomamos las armas, e ignoras qu nombre damos a aquello de que nos quejamos?

ALCIBADES. S que decimos que se nos ha engaado o insultado o despojado.

SCRATES. nimo y sigamos. Cuando tales cosas nos suceden, puedes explicarme la diferente manera en que pueden ocurrir?

ALCIBADES. Quieres decir, Scrates, que pueden ellas ocurrir justa o injustamente?

SCRATES. Eso mismo.

ALCIBADES. Y esto constituye una diferencia infinita.

SCRATES. A qu pueblos declararn la guerra los atenienses por tus consejos? Ser a los que siguen la justicia o a los que la violan?

ALCIBADES. Terrible pregunta, Scrates! Porque aun cuando hubiese alguno que creyese que es preciso hacer la guerra a los que respetan la justicia, se atrevera a sostenerlo?

SCRATES. Es cierto; eso no es conforme a las leyes.

ALCIBADES. No, sin duda; eso no es ni justo, ni decente.

SCRATES. Tendrs por consiguiente en cuenta la justicia en todos tus consejos?

ALCIBADES. Es indispensable.

SCRATES. Pero ese mejor, que yo te reclamaba antes, con motivo de la paz y de la guerra, para saber con quin, cmo y cundo es preciso hacer la guerra y la paz no es siempre lo ms justo?

ALCIBADES. As me parece.

SCRATES. Pero, mi querido Alcibades, es preciso que sucedan una de dos cosas: o que sin saberlo, ignores t lo que es justo, o que, sin saberlo yo, hayas ido a casa de algn maestro que te enseara a distinguir lo que es ms justo y lo que es ms injusto. Quin es ese maestro? Dmelo, te lo suplico, para que me pongas en sus manos y me recomiendes a l.

ALCIBADES. sa es una de tus ironas, Scrates.

SCRATES. No, te lo juro por el Dios que preside a nuestra amistad, y que es un Dios a quien no querra ofender con un perjurio. Te lo suplico muy seriamente; si tienes un maestro, dime quin es.

ALCIBADES. Ah!, y aunque yo no tenga maestro, crees t que no pueda saber por otra parte lo que es justo y lo que es injusto?

SCRATES. Lo sabrs, si lo has descubierto t mismo.

ALCIBADES. Y crees t que no lo he descubierto?

SCRATES. Si has hecho indagaciones, lo habrs descubierto.

ALCIBADES. Piensas que no he hecho yo indagaciones?

SCRATES. Pero si has hecho indagaciones, habrs credo ignorarlo.

ALCIBADES. Te imaginas que no ha habido un tiempo en que yo lo ignoraba?

SCRATES. Muy bien. Pero podras sealarme precisamente ese tiempo, en que has credo que ignorabas lo que es justo e injusto. Veamos; fue el ao pasado cuando empezaste a hacer tus indagaciones porque lo ignorabas? O creas saberlo? Di la verdad para que no hablemos en vano.

ALCIBADES. El ao pasado crea saberlo.

SCRATES. Hace tres, cuatro, cinco, no lo creas lo mismo?

ALCIBADES. Lo mismo.

SCRATES. Antes de este tiempo t eras un nio; no es as?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y en ese mismo tiempo de tu infancia, estoy seguro de que creas saberlo?

ALCIBADES. Cmo dices que ests seguro?

SCRATES. Porque durante tu infancia, en casa de tus maestros y en todas partes; en medio de tus juegos de dados o cualquier otro, te he visto muchas veces no dudar sobre la decisin de lo justo y de lo injusto, y decir con tono firme y seguro a cualquiera de tus camaradas, que era un pcaro, que era injusto, que te haca una injusticia; no es cierto esto?

ALCIBADES. Qu deba hacer, a juicio tuyo, cuando se me hacia alguna injusticia?

SCRATES. Quieres decir, lo que debas hacer, ignorando o sabiendo que lo que te se haca era una injusticia?

ALCIBADES. Pero yo no lo ignoraba; antes bien, reconoca perfectamente que se me hacia una injusticia.

SCRATES. Ya ves por esto que, cuando no eras ms que un nio, creas conocer ya lo justo y lo injusto.

ALCIBADES. Crea conocerlo y lo conoca.

SCRATES. En qu poca fue el descubrimiento?, porque no fue cuando ya creas saberlo.

ALCIBADES. No, sin duda.

SCRATES. En qu tiempo creas t ignorarlo? Mralo, echa cuentas; tengo mucho miedo de que no des con ese tiempo.

ALCIBADES. En verdad, Scrates, no puedo decrtelo.

SCRATES. Por consiguiente, t no has encontrado por ti mismo esta ciencia de lo justo y de lo injusto?

ALCIBADES. As parece.

SCRATES. Pero confesaste antes que no la has aprendido de los dems; y si no la has encontrado por ti mismo ni la has aprendido de los dems, cmo la sabes? De dnde te ha venido?

ALCIBADES. Pero quiz me enga cuando te dije que no la haba aprendido por m mismo.

SCRATES. Pues entonces, cmo la has aprendido por ti mismo?

ALCIBADES. Creo, que la he aprendido como los dems.

SCRATES. Otra vez volvemos a empezar? De quin la has aprendido? Habla.

ALCIBADES. Del pueblo.

SCRATES. Mal maestro me citas.

ALCIBADES. Qu, el pueblo no es capaz de ensearla?

SCRATES. Bien libre est!, si no es capaz de ensear a juzgar bien sobre las jugadas de un tablero, cmo ha de ensear lo que es justo o injusto, que es mucho ms difcil? No lo crees t como yo?

ALCIBADES. S, sin duda.

SCRATES. Y si no es capaz de ensearte cosas de tan poca consecuencia, cmo te ha de ensear las que son ms importantes?

ALCIBADES. Soy de tu dictamen; sin embargo, el pueblo es capaz de ensear muchas cosas muy superiores a este juego.

SCRATES. Cules?

ALCIBADES. Nuestra lengua, por ejemplo, yo no la he aprendido de nadie sino del pueblo, sin que pueda nombrar ni un solo maestro; y esta enseanza se la debo a l, a pesar de tenerlo t por un mal maestro.

SCRATES. Ah!, es cierto, querido mo, que el pueblo, en materia de lengua, es muy excelente maestro y tienes razn en referirte a l.

Este juego no era de damas ni de ajedrez, sino un juego cientfico, porque enseaba el movimiento de los cielos, los eclipses, etc.

ALCIBADES. Por qu?

SCRATES. Porque en materia de lengua el pueblo tiene todo lo que deben tener los mejores maestros.

ALCIBADES. Qu es lo que tiene?

SCRATES. Los que quieren ensear una cosa no deben saberla bien antes?

ALCIBADES. Quin lo duda?

SCRATES. Los que saben bien una cosa no deben estar de acuerdo entre s sobre lo que saben, sin disputar jams?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y si disputasen, creeras que estaban bien instruidos?

ALCIBADES. De ninguna manera.

SCRATES. Cmo, pues, seran capaces de ensearlo?

ALCIBADES. De ningn modo.

SCRATES. Qu, todo el pueblo no conviene sobre la significacin de estas palabras: una piedra, un bastn? Interroga a todos los griegos; ellos te respondern la misma cosa, y cuando les pidan una piedra o un bastn, todos se dirigirn a estos objetos, y as de todo lo dems. Porque creo que esto es lo que t quieres decir por saber la lengua.

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y todos los griegos no convienen en esto, ciudadanos con ciudadanos, ciudades con ciudades?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Por consiguiente, para la lengua el pueblo sera muy buen maestro?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Y as si quisiramos que un hombre se hiciera muy entendido en la lengua, le pondramos justamente en manos del pueblo?

ALCIBADES. Justamente.

SCRATES. Pero si en lugar de querer saber lo que significan las palabras hombre o caballo, quisiramos saber si un caballo es bueno o malo, el pueblo sera capaz de ensernoslo?

ALCIBADES. No, ciertamente.

SCRATES. Porque una prueba bien segura de que no lo sabe y de que no puede ensearlo es que no est de acuerdo sobre este punto consigo mismo.

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Y si quisiramos saber, no lo que quiere decir la palabra hombre, sino lo que es un hombre sano o enfermo, el pueblo estara en estado de decrnoslo?

ALCIBADES. Menos an.

SCRATES. En todo lo que lo veas en desacuerdo consigo mismo, no lo juzgars muy mal maestro?

ALCIBADES. Sin dificultad.

SCRATES. Y crees t que sobre lo justo y lo injusto y sobre sus propios negocios el pueblo est ms de acuerdo consigo mismo que en los dems?

ALCIBADES. No, por Zeus!, Scrates.

SCRATES. No crees t que precisamente en esto es en lo que menos de acuerdo est el pueblo?

ALCIBADES. Estoy persuadido de eso.

SCRATES. Has odo ni ledo jams, que por sostener que una cosa est sana o enferma, hayan tomado los hombres las armas y se hayan degollado los unos a los otros?

ALCIBADES. Qu locura!

SCRATES. Pero confiesa que si no lo has visto, por lo menos has ledo que eso ha sucedido por sostener que una cosa es justa o injusta; por ejemplo, en la Odisea y en la Ilada de Homero.

ALCIBADES. S, ciertamente.

SCRATES. El fundamento de estos poemas no es la diversidad de opiniones sobre la justicia y la injusticia?

ALCIBADES. S, Scrates.

SCRATES. No es sta diversidad la que caus tantos combates y tantas muertes entre los griegos y troyanos, la que ha hecho pasar por tantos peligros a Odiseo, y la que perdi a los amantes de Penlope?

ALCIBADES. Dices verdad.

SCRATES. No es sta misma diversidad sobre lo justo y lo injusto la nica causa que ha hecho perecer a tantos atenienses, lacedemonios y beocios en la jornada de Tanagra[3], y despus de sta en la batalla de Coronea[4], donde recibi la muerte tu padre?

ALCIBADES. Podr nadie negarlo?

SCRATES. Nos atreveremos a decir que el pueblo sabe bien una cosa sobre la que disputa con tanta animosidad, dejndose llevar de los ms funestos arranques?

ALCIBADES. No, sin duda.

SCRATES. Ah, mira los maestros que nos citas; en el acto mismo reconoces su ignorancia!

ALCIBADES. Lo confieso.

SCRATES. Qu trazas hay de que t sepas lo que es justo o injusto, cuando se te ve tan indeciso y tan fluctuante, y cuando ni lo has aprendido de los dems, ni lo has descubierto por ti mismo?

ALCIBADES. Ninguna traza hay, segn t dices.

SCRATES. Cmo, segn t dices? Hablas muy mal, Alcibades.

ALCIBADES. Cmo?

SCRATES. Sostienes que soy yo el que dice eso?

ALCIBADES. Y qu, no eres t el que dices que yo no s nada de todo lo relativo a la justicia e injusticia?

SCRATES. No, no soy yo ciertamente.

ALCIBADES. Quin es entonces?, soy yo?

SCRATES. S, t mismo.

ALCIBADES. Cmo?

SCRATES. He aqu cmo. Si yo te preguntase entre el uno y el dos, cul es el mayor nmero, no me responderas que el dos?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y si yo te preguntase, en qu es ms grande?

ALCIBADES. En uno.

SCRATES. Quin de nosotros dice que dos es ms que uno?

ALCIBADES. Yo.

SCRATES. No soy yo el que pregunta y t el que respondes?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y en este momento sobre lo justo y lo injusto, no soy yo el que pregunta y t el que respondes?

ALCIBADES. Es cierto.

SCRATES. Y si te preguntase cules son las letras que componen el nombre de Scrates y las dijeses una por una, quin de los dos las dira?

ALCIBADES. Yo.

SCRATES. Y bien!, en una palabra, en una conversacin de preguntas y respuestas, quin afirma una cosa?, el que pregunta o el que responde?

ALCIBADES. Me parece, Scrates, que el que responde.

SCRATES. Y hasta ahora no soy yo el que ha preguntado?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y no eres t el que me ha respondido?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Quin de los dos ha sido, t o yo, el que ha afirmado todo lo que hemos dicho?

ALCIBADES. Tengo que convenir en que yo.

SCRATES. No se ha dicho que el precioso Alcibades, hijo de Clinias, sin saber qu es lo justo y lo injusto, creyendo sin embargo saberlo, se presenta en la Asamblea de los atenienses para darles consejos sobre cosas que l mismo ignora? No es esto?

ALCIBADES. Eso mismo es.

SCRATES. Se te puede aplicar, Alcibades, este dicho de Eurpides: t eres el que la ha nombrado[5], porque no soy yo el que lo he dicho, sino t; y no tienes motivo para achacrmelo.

ALCIBADES. Me parece que tienes razn.

SCRATES. Creme, Alcibades; es una empresa insensata querer ir a ensear a los atenienses lo que t no sabes, lo que no has querido saber.

ALCIBADES. Me imagino, Scrates, que los atenienses y todos los dems griegos raras veces examinan en sus asambleas lo que es ms justo o ms injusto, porque estn persuadidos de que es un punto demasiado claro. As es que, sin detenerse en esta indagacin, marchan derechos a lo que es ms til; y lo til y lo justo son muy diferentes, puesto que siempre hubo gentes que se han encontrado muy bien cometiendo grandes injusticias, y otros que por haber sido justos han librado muy mal.

SCRATES. Qu, si lo til y lo justo son muy diferentes, segn dices, piensas conocer lo que es til a los hombres y por qu les es til?

ALCIBADES. Quin lo impide, Scrates, a no ser que exijas de m que diga de quin lo he aprendido, o si lo he descubierto por m mismo?

SCRATES. Qu es lo que haces, Alcibades? Supuesto que hablas as, puede ser, y de hecho lo es, fcil refutarte con las mismas razones que ya he expuesto; t quieres nuevas pruebas y nuevas demostraciones, y tratas las primeras como trajes viejos que salen a la escena y que t no quieres vestir, porque deseas cosa nueva. Yo, sin seguirte en tus extravos, te preguntar, como ya lo hice, dnde has aprendido lo que es til y quin ha sido tu maestro; en una palabra, te pregunto de una vez todo lo que te pregunt antes. Es bien seguro que me dars la misma respuesta, y que no podrs probarme, ni que has aprendido de otros lo que es til, ni que lo has encontrado por ti mismo. Pero como eres muy delicado, y no gustas or dos veces la misma cosa, quiero abandonar esta cuestin: si sabes o no sabes lo que es til a los atenienses. Pero si lo justo y lo til son una misma cosa, o si son muy diferentes, como t dices, por qu no me lo has probado? Prubamelo, sea interrogndome, como yo te he interrogado, sea en forma de discurso, haciendo patente la cosa.

ALCIBADES. Pero no s, Scrates, si ser capaz de hablar delante de ti.

SCRATES. Mi querido Alcibades; supn que soy yo la Asamblea, que soy yo el pueblo; cuando concurres all, no es preciso que persuadas a cada particular?

ALCIBADES. As es.

SCRATES. Y cuando se sabe bien una cosa, no es igual demostrarla a uno por uno, o a muchos a la vez, como un maestro de lira ensea a uno o a muchos discpulos?

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Y el mismo maestro, no es capaz de ensear la aritmtica a uno o a muchos?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y este hombre no debe saber aritmtica?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Por consiguiente, lo que puedas ensear a muchos lo puedes ensear a uno solo.

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Pero qu es lo que puedes ensear? No es lo que sabes?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Qu otra diferencia hay entre un orador, que habla a todo un pueblo, y un hombre que habla con su amigo en conversacin particular, sino que el primero tiene que convencer a muchos, y el segundo a uno solo?

ALCIBADES. As parece.

SCRATES. Veamos. Puesto que el que es capaz de probar a muchos lo que sabe, es con ms razn capaz de probarlo a uno solo, despliega para conmigo toda tu elocuencia, y trata de demostrarme, que lo que es justo no siempre es til.

ALCIBADES. Eres bien exigente, Scrates.

SCRATES. Tan exigente que voy a probarte en el acto lo contrario de lo que t rehsas probar.

ALCIBADES. Vamos, habla.

SCRATES. Slo quiero que me respondas.

ALCIBADES. Ah! Nada de preguntas, te lo suplico; habla t solo.

SCRATES. Qu, es que no quieres que se te convenza?

ALCIBADES. Yo no pido tanto.

SCRATES. Cuando t mismo me concedas que lo que yo siento es verdadero, no te dars por convencido?

ALCIBADES. As me parece.

SCRATES. Respndeme, pues, y si no aprendes por ti mismo que lo justo es siempre til, no lo creas jams bajo la fe de ningn otro.

ALCIBADES. En buena hora; estoy dispuesto a responderte, porque pienso que en ello ningn mal me resultar.

SCRATES. Eres profeta, Alcibades; pero dime, crees t que haya cosas justas que sean tiles, y otras que no lo sean?

ALCIBADES. Ciertamente, lo creo.

SCRATES. Crees igualmente, que las unas sean honestas y las otras todo lo contrario?

ALCIBADES. Sea como t dices, si gustas.

SCRATES. Pregunto: un hombre que hace una accin inhonesta, hace una accin justa?

ALCIBADES. Estoy muy lejos de creerlo.

SCRATES. Crees que todo lo que es justo es honesto?

ALCIBADES. Estoy persuadido de ello.

SCRATES. Pero todo lo que es honesto es bueno? O crees que hay cosas honestas que son malas?

ALCIBADES. Yo creo, Scrates, que hay ciertas cosas honestas que son malas.

SCRATES. Y, por consiguiente, que las hay inhonestas que son, buenas?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Observa si te he entendido bien. En los combates ha sucedido muchas veces que un hombre, queriendo socorrer a su amigo o pariente, ha recibido muchas heridas o ha sido muerto, y que otro, abandonando a su pariente o amigo, ha salvado la vida. No es esto lo que t quieres decir?

ALCIBADES. Eso mismo.

SCRATES. El socorro que un hombre da a su amigo es una cosa honesta en cuanto se trata de salvar al que est obligado a socorrer; y no es esto lo que se llama valor?

SCRATES. Y este mismo socorro es una cosa mala, en cuanto el que lo ejecuta se expone a ser herido y a morir?

ALCIBADES. S, sin duda.

SCRATES. Pero el valor no es una cosa y la muerte otra?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Entonces este socorro que se da a su amigo no es al mismo tiempo y por el mismo concepto una cosa honesta y una cosa mala?

ALCIBADES. As me lo parece.

SCRATES. Pero mira si lo que hace esta accin honesta no es igualmente lo que la hace buena; porque t has reconocido que, con respecto al valor, esta accin es bella. Examinemos, pues, ahora si el valor es un bien o un mal, y he aqu el medio de hacer bien este examen. Te deseas a ti mismo bienes o males?

ALCIBADES. Bienes sin duda.

SCRATES. Sobre todo, los mayores bienes de que no querras verte privado?

ALCIBADES. S, los mayores.

SCRATES. Qu piensas t del valor? A qu precio consentiras verte privado de l?

ALCIBADES. Al precio de la vida, si era cosa de vivir con nota de cobarde.

SCRATES. La cobarda se parece al ms grande de todos los males?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Igual a la muerte misma?

ALCIBADES. S, a la muerte.

SCRATES. La vida y el valor no son los contrarios de la muerte y de la cobarda?

ALCIBADES. Quin lo duda.

SCRATES. Desechas los unos y deseas los otros?

ALCIBADES. S, ciertamente.

SCRATES. No es porque encuentras los unos muy buenos y los otros muy malos?

ALCIBADES. Sin dificultad.

SCRATES. Has reconocido t mismo, que socorrer al amigo en los combates es una cosa honesta, considerndola con relacin al bien, que es el valor?

ALCIBADES. Lo he reconocido.

SCRATES. Y que es una cosa mala con relacin al mal, es decir, a la muerte?

ALCIBADES. Lo confieso.

SCRATES. Se sigue de aqu, que se debe llamar cada accin segn lo que ella produce; si la llamas buena cuando se convierte en bien, es preciso tambin llamarla mala cuando se convierte en mal.

ALCIBADES. As me parece.

SCRATES. Una bella accin, no es honesta en cuanto es buena, e inhonesta en cuanto es mala?

ALCIBADES. Sin contradiccin.

SCRATES. Desde el momento en que dices, que socorrer a un amigo en los combates es una accin honesta y al mismo tiempo una accin mala, es como si dijeras que es mala y que es buena.

ALCIBADES. Me parece que dices verdad.

SCRATES. No hay nada honesto que sea malo, en tanto que honesto, ni nada de inhonesto que sea bueno, en tanto que inhonesto.

ALCIBADES. As me parece.

SCRATES. Busquemos otra prueba de esta verdad. Todos los que hacen bellas acciones no obran bien?

ALCIBADES. Muy bien.

SCRATES. Y obrar bien no es ser dichoso?

ALCIBADES. S.

SCRATES. No es dichoso por la posesin del bien?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Y este bien no se adquiere por obrar bien?

ALCIBADES. Quin lo duda?

SCRATES. Luego son dichosos los que obran bien?

ALCIBADES. S, ciertamente.

SCRATES. Luego hay razn para decir, que obrar bien y ser dichoso es todo uno?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Las bellas acciones son siempre buenas?

ALCIBADES. Quin puede negarlo?

SCRATES. Lo que es honesto y lo que es bueno nos parecen la misma cosa?

ALCIBADES. Es indudable.

SCRATES. Por consiguiente todo lo que encontremos honesto debemos encontrarlo bueno?

ALCIBADES. Es de una necesidad absoluta.

SCRATES. Y ahora, lo que es bueno, es til o no lo es?

ALCIBADES. Muy til.

SCRATES. Te acuerdas de lo que hemos dicho, hablando de la justicia, y en lo que estamos de acuerdo?

ALCIBADES. Estamos de acuerdo, me parece, en que las acciones justas son necesariamente honestas.

SCRATES. Y lo que es honesto es bueno?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Por consiguiente, Alcibades, todo lo que es justo es til.

ALCIBADES. As parece.

SCRATES. Ten bien presente, que eres t mismo el que asegura todas estas verdades, porque yo no hago ms que interrogar.

ALCIBADES. En eso estoy.

SCRATES. Si alguno, creyendo conocer bien la naturaleza de la justicia, entrase en la Asamblea de los atenienses o de los peparetienses[6], y les dijese que saba que las acciones justas son algunas veces malas, no te burlaras de l, t que acabas de reconocer que la justicia y la utilidad son la misma cosa?

ALCIBADES. Te juro, Scrates, por todos los dioses, que yo no s lo que digo, y francamente, temo que he perdido la razn, porque estas cosas me parecen tan pronto de una manera, tan pronto de otra, segn t me preguntas.

SCRATES. Ignoras, querido mo, la causa de este desorden?

ALCIBADES. La ignoro completamente.

SCRATES. Y si alguno te preguntase, si tienes dos o tres ojos, dos o cuatro manos, responderas t tan pronto de una manera, tan pronto de otra? No responderas siempre de una misma manera?

ALCIBADES. Comienzo a desconfiar mucho de m mismo; creo, sin embargo, que respondera siempre de igual modo.

SCRATES. Y por qu? Porque sabes bien que no tienes ms que dos ojos y dos manos; no es as?

ALCIBADES. Lo creo.

SCRATES. Puesto que respondes tan diferentemente, a pesar tuyo, sobre la misma cosa, es una prueba infalible de que t la ignoras.

ALCIBADES. As parece.

SCRATES. Si convienes en que fluctas en tus respuestas sobre lo justo y lo injusto, sobre lo honesto y lo inhonesto, sobre lo bueno y lo malo, sobre lo til y su contrario, no es evidente que esta incertidumbre procede de tu ignorancia?

ALCIBADES. Eso me parece evidente.

SCRATES. Es mxima segura que el espritu siempre est fluctuante e incierto sobre lo que ignora.

ALCIBADES. No puede ser de otra manera.

SCRATES. Pero, dime, sabes cmo podras subir al cielo?

ALCIBADES. No, por Zeus!, te lo juro.

SCRATES. Y tu espritu est fluctuante sobre esto?

ALCIBADES. Nada de eso.

SCRATES. Sabes la razn, o quieres que te la diga?

ALCIBADES. Dila.

SCRATES. Es, querido mo, que al no saber el medio de subir al cielo, no crees saberlo.

ALCIBADES. Qu dices?

SCRATES. Examinemos este punto. Cuando ignoras una cosa y sabes que la ignoras, ests incierto y fluctuante sobre esta misma cosa? Por ejemplo, no sabes que ignoras el arte de preparar las viandas?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Te complaces en razonar sobre la manera de prepararlas, y hablas de ellas tan pronto de una manera, tan pronto de otra? No dejas obrar al cocinero, que es a quien corresponde?

ALCIBADES. Dices verdad.

SCRATES. Y si estuvieses a bordo de un buque, te mezclaras en dar tu dictamen sobre el movimiento del timn, si haba de ser a la izquierda o a la derecha? Ignorando el arte de navegar, diras tan pronto una cosa, tan pronto otra, o dejaras ms bien gobernar al piloto?

ALCIBADES. Sin duda le dejara gobernar.

SCRATES. Luego t jams ests fluctuante e indeciso sobre cosas que no sabes, con tal de que sepas que no las sabes.

ALCIBADES. As me parece.

SCRATES. Comprendes bien que todas las faltas que se cometen, no proceden sino de esta especie de ignorancia, que hace que se crea saber lo que no se sabe?

ALCIBADES. Qu dices?

SCRATES. Digo que lo que nos arrastra a emprender una cosa es la creencia en que estamos de que sabemos llevarla a cabo.

ALCIBADES. Ya entiendo.

SCRATES. Porque cuando estamos persuadidos de que no lo sabemos, se deja el negocio a otros.

ALCIBADES. Eso sucede constantemente.

SCRATES. As es, que los que estn en esta ltima clase de ignorancia, jams faltan; porque dejan a los dems el cuidado de las cosas que ellos no saben.

ALCIBADES. Estoy conforme!

SCRATES. Quines son, pues, los que cometen faltas? No son los que saben las cosas?

ALCIBADES. No, ciertamente.

SCRATES. Puesto que no son ni los que saben las cosas, ni los que las ignoran, sabiendo que las ignoran, se sigue de aqu necesariamente, que son aqullos, que, sin saberlas, creen sin embargo saberlas; hay otros?

ALCIBADES. No, no hay ms que stos.

SCRATES. He aqu la ms vergonzosa ignorancia; he aqu la que es causa de todos los males.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Y cuando esta ignorancia recae sobre cosas de grandsima trascendencia, no es entonces vergonzosa y terrible en sus efectos?

ALCIBADES. Puede negarse eso?

SCRATES. Puedes citarme cosa alguna que sea de mayor trascendencia que lo justo, lo honesto, lo bueno, lo til?

ALCIBADES. No, ciertamente.

SCRATES. Y no es sobre estas mismas cosas, sobre las que t mismo dices que ests fluctuante e indeciso?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y esta incertidumbre no es una prueba, como ya lo hemos dicho, de que no solo ignoras las cosas ms importantes, sino que, ignorndolas, crees saberlas?

ALCIBADES. Me temo que sea as.

SCRATES. Oh dios!, en qu estado tan miserable te hallas; no me atrevo a darle nombre. Sin embargo, puesto que estamos solos, es preciso decirlo. Mi querido Alcibades, ests sumido en la peor ignorancia, como lo acreditan tus palabras, y como lo atestiguas contra ti mismo. He aqu, por qu te has arrojado, como cuerpo muerto, en la poltica, antes de recibir instruccin. Y t no eres el nico a quien sucede esta desgracia, porque es comn a la mayor parte de los que se mezclan en los negocios de la repblica; un pequeo nmero excepto, y quiz solo a Pericles, tu tutor.

ALCIBADES. Tambin se dice, Scrates, que no se ha hecho tan hbil por s mismo, sino que ha vivido en estrecha relacin con muchos hombres hbiles, como Pitclides, Anaxgoras, y aun hoy da, en la edad en que ya est, pasa das enteros con Damn, para instruirse constantemente.

SCRATES. Has conocido a alguno, que, sabiendo perfectamente una cosa, no pueda ensearla a otro? Tu maestro de lira te ha enseado lo que saba y lo ha enseado a todos los que ha querido.

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y t, que lo has aprendido de l, no podas ensearlo a otro?

ALCIBADES. S.

SCRATES. No sucede lo mismo con un maestro de msica y un maestro de gimnasia?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Porque la mejor prueba de que se sabe bien una cosa, es el estar en posicin de ensearla a otros.

ALCIBADES. As es verdad.

SCRATES. Pero puedes nombrarme alguno a quien Pericles haya hecho hbil? Comencemos por sus propios hijos.

ALCIBADES. Pero, Scrates, si los hijos de Pericles son estlidos!

SCRATES. Y Clinias tu hermano?

ALCIBADES. Eso es hablarme de un loco.

SCRATES. Si Clinias es loco, y los hijos de Pericles mentecatos, de dnde nace que Pericles se ha desentendido de material tan precioso como el tuyo?

ALCIBADES. Tengo yo la culpa, por no haberme aplicado a nada de lo que l me ha dicho.

SCRATES. Pero entre todos los atenienses y entre los extranjeros, libres o esclavos, puedes nombrarme alguno a quien el trato con Pericles haya hecho ms hbil, como puedo yo nombrarte un Pitodoro, hijo de Isloco, y un Calias, hijo de Calades, que se han hecho muy hbiles, a costa de cien minas, en la escuela de Zenn[7]?

ALCIBADES. No puedo nombrarte ni uno solo.

SCRATES. Enhorabuena; pero qu pretendes hacer de ti, Alcibades? Quieres seguir como te encuentras, o, en fin, quieres mirar por ti?

ALCIBADES. Tratemos este asunto entre los dos, Scrates. Comprendo todo lo que dices, y estoy conforme con ello; s, todos los que se mezclan en los negocios de la repblica no son ms que ignorantes, si se excepta un corto nmero.

SCRATES. Y despus?

ALCIBADES. Si fueren personas instruidas, sera preciso que el que pretende igualarse con ellos o sobrepujarlos, trabajase y se ejercitase, y que despus entrase en lid con atletas de reputacin; pero, puesto que no dejan de mezclarse en el gobierno sin saber nada, qu necesidad hay de tomarse el trabajo de prepararse y ejercitarse? Yo estoy bien seguro de que con el solo socorro de la naturaleza sobrepujar a todos.

SCRATES. Ah!, mi querido Alcibades, qu es lo que acabas de decirme? Tu manifestacin es indigna del noble continente y dems ventajas que posees!

ALCIBADES. Cmo? Scrates, explcate.

SCRATES. Ah!, estoy inconsolable por ti y por m, si

ALCIBADES. Qu significa se si?

SCRATES. Si crees no tener que combatir y superar ms que a gentes de esa calaa.

ALCIBADES. A quin quieres entonces que trate de superar?

SCRATES. An eso me sorprende ms; es sa la pregunta que debe hacer un hombre que cree tener un corazn grande?

ALCIBADES. Qu quiere decir eso? No son stos los nicos que puedo temer?

SCRATES. Si tuvieses que conducir un buque de guerra que debiese pronto combatir, te bastara ser ms hbil para la maniobra que todos los que compusiesen la tripulacin? No te propondras ms bien superar a los mejores pilotos de los enemigos, en lugar de medirte, como haces ahora, con los tuyos, por encima de los cuales debes sobresalir tanto, que no solo crean que no pueden disputarte el puesto, sino que reconocindose inferiores no piensen ms que en combatir con los enemigos bajo tus rdenes? He aqu los sentimientos que deben animarte, si tienes intenciones de hacer alguna cosa grande, digna de ti y de la patria.

ALCIBADES. Ah!, se es mi dolo.

SCRATES. Vaya una ambicin digna de Alcibades, limitarse a ser el ms bravo de nuestros soldados! No debers tener ms bien en cuenta a los generales enemigos para superarlos, y por este medio ejercitarte y compararte sin cesar a ellos?

ALCIBADES. Quines son esos grandes generales, Scrates?

SCRATES. No sabes que nuestra repblica est casi siempre en guerra con loe lacedemonios o con el gran rey? Si piensas ponerte a la cabeza de los atenienses, es preciso que te prepares para combatir a los reyes de Lacedemonia y al rey de Persia.

ALCIBADES. Quiz digas verdad.

SCRATES. Oh!, no, no, mi querido Alcibades; no debes pensar sino en superar a un Midias, tan entendido en la cra de codornices, y a otros de este jaez, que se inmiscuyen en la gobernacin de la repblica, descubriendo an, como diran ciertas mujerzuelas, la larga cabellera de esclavos[8] que llevan en su alma, y que con su lenguaje brbaro, lejos de gobernarla, han llegado a corromper la ciudad por medio de sus cobardes adulaciones. He aqu las gentes que debes proponernos por modelos, sin pensar en ti mismo, sin pensar en instruirte; y de esta manera irs y sostendrs los combates que te esperan, sin haberte ejercitado jams, sin haber hecho ningn preparativo; y en tal estado te pondrs a la cabeza de los atenienses.

ALCIBADES. Todo lo que me dices, Scrates, lo tengo por verdadero; sin embargo, me imagino que los generales de Lacedemonia y el rey de Persia son como los dems.

SCRATES. Ah, mi querido Alcibades!, fjate un poco, te lo suplico, en esa opinin.

ALCIBADES. Cmo?

SCRATES. Primeramente, cul de estas dos cosas te dara ms cuidado: formarte de estos hombres una idea que te los haga temibles, o tomarlos por hombres de quienes nada tienes que temer?

ALCIBADES. Sin dudar, prefiero formar una gran idea de ellos.

SCRATES. Crees que ser un mal para ti el tener cuidado de ti mismo?

ALCIBADES. Por el contrario, estoy persuadido de que sera un gran bien.

SCRATES. De esa manera la opinin que has formado de tus enemigos es ya un gran mal.

ALCIBADES. Lo confieso.

SCRATES. Adems es falsa, y puedo hacrtelo ver.

ALCIBADES. Cmo?

SCRATES. Qu hombres piensas que son los mejores, los de alto, o los de bajo nacimiento?

ALCIBADES. Los de alto nacimiento, evidentemente.

SCRATES. Y los que a este gran nacimiento han unido una buena educacin, no crees que tienen todo lo necesario para la perfeccin de la virtud?

ALCIBADES. Eso es indudable.

SCRATES. Comparando, pues, nuestra condicin a la suya, veamos en primer lugar, si los reyes de Lacedemonia y el rey de Persia son de nacimiento inferior al nuestro. No sabemos que los primeros descienden de Heracles, y los ltimos de Aquemenes y que Heracles y Aquemenes descienden de Zeus?

ALCIBADES. Y mi familia, Scrates, no desciende de Eursaces y Eursaces no remonta hasta Zeus?

SCRATES. Y la ma, mi querido Alcibades, ya que lo tomas por ese rumbo, no desciende de Ddalo, y Ddalo no nos lleva hasta Hefesto, hijo de Zeus? Pero la diferencia que hay entre ellos y nosotros es que remontan hasta Zeus por una gradacin continua de reyes sin ninguna interrupcin; los unos han sido reyes de Argos y de Lacedemonia, y los otros siempre han reinado en Persia y han posedo muchas veces el Asia, como sucede en este momento; mientras que nuestros abuelos no han sido ms que simples particulares como nosotros. Si te vieses precisado a dar explicacin a Artajerjes, hijo de Jerjes, de tus antepasados, y de Salamina la patria de Eursaces, o de Egina la de aco, ms antigua an, qu objeto de risa no sera para l? As como estamos precisados a darnos por vencidos en punto a nacimiento, veamos si no somos tan inferiores en punto a educacin. No te han dicho nunca las grandes ventajas que tienen en esto los reyes de Lacedemonia, cuyas mujeres son guardadas por los foros, para asegurarse, cuanto es posible, de que no darn a luz ms que reyes de la raza de Heracles? Y el rey de Persia est en este concepto tan por encima de los reyes de Lacedemonia, que jams se ha sospechado que la reina pueda dar a luz un prncipe que no sea hijo del rey, y por esta razn jams se ha guardado, siendo su nica guarda el temor. En el nacimiento del primognito, que debe suceder en la corona, todos los pueblos de este gran imperio celebran con festejos este da, y posteriormente todos los aos se solemniza el da con sacrificios solemnes en todas las provincias del Asia; en lugar de lo cual, cuando nosotros nacemos, mi querido Alcibades, se nos puede aplicar el dicho del poeta cmico: apenas nuestros vecinos se aperciben de ello.

El tal nio es educado, no por una nodriza de bajo nacimiento, sino por los ms virtuosos eunucos de la corte, que tienen cuidado de formar y amoldar su cuerpo para que tenga el talle ms hermoso posible, y cuyo empleo da una consideracin muy alta. Cuando tiene siete aos, le pone a cargo de escuderos, y entra ya a ejercitar la caza. A los catorce se le entrega a los preceptores del rey, que son cuatro seores escogidos, los ms estimados de toda la Persia, y se procura que estn en el vigor de la edad; el uno pasa por el ms sabio, el otro por el ms justo, el tercero por el ms templado y el cuarto por el ms valiente. El primero le ensea la magia de Zoroastro, hijo de Ormuz[9]; es decir, la religin y todo el culto de los dioses, y le ensea igualmente todos los deberes de buen rey. El segundo le ensea a decir siempre la verdad, aunque sea contra s mismo. El tercero le ensea a no dejarse jams vencer por sus pasiones, a fin de que se mantenga siempre libre y rey, teniendo siempre imperio sobre s mismo. El cuarto lo acostumbra a ser intrpido, y le ensea a no temer nada; porque si teme, es esclavo. En vez de todo esto, dime t, qu preceptor has tenido? Pericles te abandon en manos de Zpiro, esclavo de Tracia, que era incapaz de otro empleo a causa de su ancianidad. Te referira todo el curso de la educacin de tus adversarios si no fuese tarea larga, pero la muestra que acabo de darte creo sea bastante para que puedas juzgar de lo dems. Nadie ha tenido ms cuidado de tu nacimiento que del de cualquier otro ateniense, ni nadie cuida de tu educacin, a menos que tengas algn amigo que se interese en ello. Si atiendes a las riquezas de los persas, a la magnificencia de sus trajes, al prodigioso gasto que hacen en perfumes y esencias, a la multitud de esclavos de que se ven rodeados, a todo su lujo y delicadeza, te ruborizaras al verte tan por debajo de ellos.

Quieres echar una mirada sobre la templanza de los lacedemonios, su modestia, su desembarazo, su dulzura, su magnanimidad, su igualdad de espritu en todos los accidentes de la vida, sobre su valor, su firmeza, su paciencia en los trabajos, su noble emulacin, su amor a la gloria? En todas estas cualidades t eres un nio cotejado con ellos. Si quieres que miremos a las riquezas, porque creas tener por este lado alguna ventaja, voy a hablarte de ellas para hacerte conocer quin eres t. No hay ninguna comparacin entre nosotros y los lacedemonios, pues son ellos infinitamente ms ricos. Se atrevera ninguno de nosotros a comparar nuestras tierras con las de Esparta y de Mesenia, que son mucho ms extensas y mejores, y que mantienen un nmero infinito de esclavos sin contar los ilotas? Aade los caballos y los dems ganados que moran en los pastos de Mesenia. Pero dejo esto aparte para hablarte solo del oro y de la plata; toda la Grecia reunida tiene menos que Lacedemonia sola, porque hace tiempo el dinero de toda la Grecia y muchas veces el de los brbaros entra en Lacedemonia y no sale jams; y como la zorra dijo al len en las fbulas de Esopo: veo muy bien los pasos del dinero que entra en Lacedemonia, pero no veo los del que sale. Tambin es cierto que los particulares son ms ricos en Lacedemonia que en todo el resto de la Grecia, y que el rey es all ms rico que todos los particulares; porque adems de los grandes bienes que tiene como suyos propios, se le pasa una cantidad considerable.

Pero si la riqueza de los lacedemonios aparece tan grande cotejada con la del resto de la Grecia, no es nada para con la del rey de Persia. He odo decir a un hombre digno de fe, que haba sido uno de los embajadores cerca de este prncipe, que haba hecho una gran jornada por un pas bellsimo y fertilsimo, que los naturales llamaban la cintura de la Reina; que en otra jornada pas por otro pas que se llamaba el velo de la Reina, y que haba otras grandes y frtiles provincias destinadas nicamente a suministrar los trajes de la reina, cada una de las cuales llevaba el nombre de la prenda de ropaje que tena que suministrar. De manera que si alguno fuese a decir a la esposa de Jerjes, a Amestris[10], madre del rey Artajerjes: hay en Atenas un hombre, que, en todo lo que tiene, solo cuenta con trescientas arpentas (acres), poco ms o menos, de tierra que posee en el pueblo de Erquies (Erchiae), y es hijo de Dinmaca, cuyo equipo, menaje y joyas apenas valen cincuenta minas, y este hombre se prepara para hacer la guerra a Artajerjes. Cul sera al pronto su sorpresa, al ver la audacia de este hombre, que quiere atacar al gran rey Artajerjes! Qu crees que pensara? Sin duda dira: Este hombre funda ciertamente el triunfo de semejante empresa en su aplicacin, en su gran habilidad, porque stas son las nicas cosas que aprecian los griegos.

Pero cuando se le dijese: Este Alcibades es un joven que no tiene an veinte aos, sin ninguna clase de experiencia, y tan presuntuoso, que cuando su amigo le hizo ver que debe ante todas cosas tener cuidado de s, trabajar, meditar, ejercitarse, y que solo despus de esto podr hacer la guerra al gran rey, no quiere creer nada, y dice, que tal como es, se considera con el mrito necesario para ello. Creo que la sorpresa de la reina sera mucho mayor, y nos preguntara: En qu se fa ese joven?. Y si nosotros le respondiramos: En su belleza, en su talle, en su riqueza y en las dotes de su espritu, no es cierto que nos tendra por locos, si fijaba su atencin en la superioridad de estos datos respecto de ella misma? Pero sin subir tan alto, creo, que Lampito (Lampido), hija de Leotquidas (Leotychides), mujer de Arqudamo y madre de Agis, que son todos de casta real en Lacedemonia, no se sorprendera menos, si se le dijese, que mal educado como has sido, deseas ponerte a la cabeza de los atenienses para hacer la guerra a su hijo. Ah!, y no sera una vergenza, que mujeres, y mujeres de nuestros enemigos, sepan mejor que nosotros mismos las cualidades que deberamos tener para hacerles la guerra? As, mi querido Alcibades, sigue mis consejos, y obedece al precepto que est escrito en el frontispicio del templo de Delfos: Concete a ti mismo, porque los enemigos con quienes te las has de haber son tales como yo los represento, y no como t te imaginas. El nico medio de vencerlos es la aplicacin y la habilidad; si renuncias a estas cualidades necesarias, renuncia tambin a la gloria fuera y dentro de tu pas, gloria a que has aspirado con ms ardor que otro alguno.

ALCIBADES. Puedes explicarme, Scrates, cul es el cuidado que debo tomar de m mismo? Porque me hablas, lo confieso, con ms sinceridad que ningn otro.

SCRATES. Sin duda puedo hacerlo; pero no es esto til a ti solo. Juntos debemos buscar los medios de hacernos mejores, que yo no tengo menos necesidad que t, yo que sobre ti tengo solo una ventaja.

ALCIBADES. Cul es esa ventaja?

SCRATES. Que mi tutor es mejor y ms sabio que Pericles, que es el tuyo.

ALCIBADES. Quin es ese tutor?

SCRATES. El Dios que hasta hoy no me ha permitido hablarte; siguiendo sus inspiraciones, solo mediando yo puedes conseguir la gloria, como antes te dije.

ALCIBADES. Te burlas, Scrates?

SCRATES. Quiz; pero siempre es una verdad que tenemos una necesidad muy grande de mirar por nosotros mismos, como la tienen todos los hombres, y nosotros dos ms que ninguno.

ALCIBADES. S, Scrates, cuando menos por lo que a m toca.

SCRATES. Y lo mismo me sucede a m.

ALCIBADES. Qu haremos, pues?

SCRATES. ste es el momento, querido mo, en que es preciso quitar la pereza y la desidia.

ALCIBADES. Convengo en ello.

SCRATES. Veamos y examinemos juntos lo que intentamos. Dime, no queremos hacernos muy buenos?

ALCIBADES. S.

SCRATES. En qu clase de virtud?

ALCIBADES. En la virtud que constituye la bondad del hombre.

SCRATES. Y quin es el hombre bueno?

ALCIBADES. El que lo es para los negocios.

SCRATES. Para qu negocios? Para los de equitacin?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Porque eso corresponde a los picadores.

ALCIBADES. S.

SCRATES. En los de la marina?

ALCIBADES. Tampoco.

SCRATES. Porque eso corresponde a los pilotos.

ALCIBADES. S.

SCRATES. Pues en qu negocios?

ALCIBADES. En los negocios que ocupan a nuestros mejores atenienses.

SCRATES. Qu entiendes por nuestros mejores atenienses? Son los hbiles o los inhbiles?

ALCIBADES. Los hbiles.

SCRATES. Por lo tanto, segn t, cuando es hbil uno para una cosa, es bueno para la cosa misma?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y los inhbiles no son en manera alguna buenos?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Un zapatero tiene toda la habilidad para hacer zapatos; es bueno para esto?

ALCIBADES. Muy bueno.

SCRATES. Pero es inhbil para hacer trajes?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Por consiguiente es un mal sastre.

ALCIBADES. Sin dificultad.

SCRATES. Este mismo hombre, por lo tanto, es bueno y malo?

ALCIBADES. As me lo parece.

SCRATES. Se sigue de este principio, que aquellos que t llamas buenos son igualmente malos.

ALCIBADES. No es eso lo que yo quiero decir.

SCRATES. Pues entonces qu entiendes por hombres buenos?

ALCIBADES. Entiendo los que saben gobernar.

SCRATES. Gobernar, qu?, caballos?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Hombres?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Los enfermos?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Los pilotos?

ALCIBADES. Tampoco.

SCRATES. Los labradores?

ALCIBADES. Tampoco.

SCRATES. Pues, quines? Los que hacen algo, o los que no hacen nada?

ALCIBADES. Los que hacen alguna cosa.

SCRATES. Quines son? Qu? Trata de explicarte y de hacrmelo comprender.

ALCIBADES. Los que viven en sociedad y se sirven los unos a los otros, como los que vivimos en las ciudades.

SCRATES. Segn t, es gobernar a los hombres que se sirven de otros hombres.

ALCIBADES. As lo entiendo.

SCRATES. Es gobernar a los contramaestres que se sirven de los marineros?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Porque eso pertenece a los pilotos.

Es gobernar a los tocadores de flauta que se sirven de msicos y danzantes?

ALCIBADES. Tampoco.

SCRATES. Porque eso pertenece a los maestros de capilla.

ALCIBADES. Es cierto.

SCRATES. Entonces qu entiendes por gobernar a los hombres que se sirven de otros hombres?

ALCIBADES. Entiendo mandar a hombres que viven juntos bajo las mismas leyes y el mismo gobierno.

SCRATES. Y qu arte es ese que ensea a mandarlos? Si te preguntase, cul es el arte que ensea a mandar a todos los marineros de un mismo buque, qu me responderas?

ALCIBADES. Que es el arte de los pilotos.

SCRATES. Y si te preguntase, cul es el arte que ensea a mandar a los msicos y danzantes?

ALCIBADES. Yo te respondera que es el arte de los maestros de capilla.

SCRATES. Cmo llamas este arte que ensea a mandar a los que forman un mismo cuerpo de Estado?

ALCIBADES. El arte de aconsejar bien, Scrates.

SCRATES. Cmo! El arte de los pilotos es el arte de dar malos consejos?

ALCIBADES. No.

SCRATES. No se proponen darlos buenos?

ALCIBADES. Ciertamente, por el bien de los que se hallan embarcados.

SCRATES. Dices muy bien. Pero de qu buenos consejos hablas, y qu es a lo que tienden?

ALCIBADES. Tienden a conservar y mejorar la gobernacin.

SCRATES. Pero que es lo que conserva los Estados? Qu cosa es sa cuya presencia o ausencia sostiene la sociedad? Si t me preguntaras, qu es lo que un cuerpo debe tener o no tener para mantenerse sano y en buen estado, yo te respondera sobre la marcha, que debe tener la salud y no tener la enfermedad. No lo crees t como yo?

ALCIBADES. Lo mismo que t.

SCRATES. Y si me preguntases lo mismo sobre el ojo respondera igualmente, que est bien cuando tiene buena vista, y mal cuando tiene ceguera; sobre los odos lo mismo, que estn bien cuando tienen todo lo que necesitan para or, sin ninguna disposicin para la sordera.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Y en un Estado, qu es lo que debe haber o no haber para que se halle en la mejor situacin posible?

ALCIBADES. Me parece, Scrates, que es preciso que la amistad reine entre los ciudadanos, y que se destierren entre ellos el odio y la divisin.

SCRATES. Qu llamas amistad? Es la concordia o la discordia?

ALCIBADES. La concordia ciertamente.

SCRATES. Cul es el arte que hace que los Estados concuerden, por ejemplo, sobre los nmeros?

ALCIBADES. Es la aritmtica.

SCRATES. Es un arte en el que concuerdan entre s los particulares?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y cada uno consigo mismo?

ALCIBADES. Sin dificultad.

SCRATES. Y cmo llamas al arte que hace que cada uno concuerde consigo mismo siempre sobre la magnitud de un pie o de un codo?, no es el arte de medir?

ALCIBADES. S, sin duda.

SCRATES. Y los Estados y los particulares se ponen de acuerdo por medio de este arte?

ALCIBADES. S.

SCRATES. No sucede lo mismo sobre los pesos?

ALCIBADES. Lo mismo.

SCRATES. Y cul es la concordia de que hablas?, en qu consiste y qu arte es el que la da a conocer?, la de un Estado es la misma que hace que un particular se ponga de acuerdo consigo mismo y con los dems?

ALCIBADES. Me parece que es la misma.

SCRATES. Cul es?, no desistas de responderme, e instryeme por caridad.

ALCIBADES. Creo que es esta amistad y esta concordia que hacen que un padre y una madre estn bien con sus hijos, un hermano con su hermano, una mujer con su marido.

SCRATES. Crees que un marido puede estar de acuerdo con su mujer sobre obras de lana que ella entiende perfectamente y que l no entiende?

ALCIBADES. No, sin duda.

SCRATES. Es imposible, porque es una obra de mujer.

ALCIBADES. S.

SCRATES. Es posible que una mujer pueda estar de acuerdo con su marido en materia de armas, cuando no sabe lo que son?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Me podras responder que solo es acomodado al talento del hombre.

ALCIBADES. Es cierto.

SCRATES. Convienes en que hay ciencias que estn destinadas a las mujeres, y otras que estn reservadas a los hombres?

ALCIBADES. Quin puede negarlo?

SCRATES. Sobre todas estas ciencias no es posible que las mujeres estn de acuerdo con sus maridos.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Por consiguiente no habr amistad, puesto que la amistad no es ms que la concordia.

ALCIBADES. Soy de tu opinin.

SCRATES. Y as cuando una mujer haga lo que debe hacer, no ser amada por su marido.

ALCIBADES. No, me parece.

SCRATES. Y cuando un marido haga lo que debe hacer, no ser amado por su mujer.

ALCIBADES. No.

SCRATES. Luego los Estados, en los que hace cada uno lo que debe hacer, no estarn bien gobernados?

ALCIBADES. Me parece que s, Scrates.

SCRATES. Qu es lo que dices? Ser bien gobernado un Estado sin que la amistad reine en l? No hemos convenido en que por la amistad un Estado est bien regido, y que en otro caso todo es desorden y confusin?

ALCIBADES. Pero me parece, sin embargo, que es esto mismo lo que produce la amistad; que cada uno haga lo que debe hacer.

SCRATES. Hace un momento decas lo contrario; pero es preciso que te hagas entender. Cmo dices ahora que la concordia bien establecida produce la amistad? Ah!, puede haber concordia sobre negocios que los unos saben y los otros no saben?

ALCIBADES. Eso es imposible.

SCRATES. Cuando cada uno hace lo que debe hacer, hace lo que es justo o lo que es injusto?

ALCIBADES. Vaya una pregunta!, cada uno hace lo que es justo.

SCRATES. De aqu se sigue, que en el acto mismo en que todos los ciudadanos hacen lo que es justo, no pueden sin embargo amarse.

ALCIBADES. La consecuencia parece necesaria.

SCRATES. Cul es, pues, esta amistad o esta concordia que puede hacernos hbiles y capaces de dar buenos consejos, para que entremos as en el nmero de los que llamas t buenos ciudadanos? Porque no puedo comprender, ni lo que es, ni en quin se encuentra; porque tan pronto se la encuentra en ciertas personas, tan pronto no se la encuentra ya, como se ve por tus palabras.

ALCIBADES. Te juro, Scrates, por todos los dioses, que yo mismo no s lo que me digo, y que corro gran riesgo de estar dentro de algn tiempo en muy mal estado, sin apercibirme de ello.

SCRATES. No te desanimes, Alcibades; si te apercibieses de este estado a los cincuenta aos, te sera difcil poner remedio y tener cuidado de ti mismo; pero en la edad en que t ests, es justamente el tiempo oportuno de sentir tu mal.

ALCIBADES. Y cuando uno siente el mal qu deber hacer?

SCRATES. Slo hace falta, Alcibades, responder a algunas preguntas; si lo haces, espero que, con la ayuda de Dios, t y yo nos haremos mejores de lo que somos, por lo menos si damos fe a mi profeca.

ALCIBADES. Si solo consiste en responder, el xito es seguro.

SCRATES. Veamos pues. Qu es tener cuidado de s mismo?, no sea que cuando creamos tener ms cuidado de nosotros mismos, nos suceda muchas veces, que, sin apercibirnos, sea otra cosa muy distinta la que llame nuestra atencin. Qu es preciso hacer para tener cuidado de s mismo? Tiene un hombre cuidado de s cuando lo tiene de las cosas que son suyas?

ALCIBADES. As me parece.

SCRATES. Cmo? Un hombre tiene cuidado de sus pies, cuando lo tiene de las cosas que son para sus pies?

ALCIBADES. No te entiendo.

SCRATES. No conoces nada que est nicamente hecho para la mano? Las sortijas para qu parte del cuerpo estn hechas?, no son para los dedos?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Los zapatos no estn hechos tambin para los pies?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Tenemos cuidado de nuestros pies cuando lo tenemos de nuestros zapatos?

ALCIBADES. An no te entiendo, Scrates.

SCRATES. Pero qu, no has dicho, Alcibades, que se toma cuidado por las cosas?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y hacer una cosa mejor no es tomar cuidado por ella?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Cul es el arte que hace los zapatos mejores?

ALCIBADES. El arte del zapatero.

SCRATES. Por medio del arte del zapatero es como tenemos cuidado de nuestros zapatos?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Es por el arte del zapatero por el que nosotros tenemos cuidado de nuestros pies, o es por el arte que hace nuestros pies mejores?

ALCIBADES. Es por este ltimo arte sin duda.

SCRATES. No hacemos nuestros pies mejores por el mismo arte que hace todo nuestro cuerpo mejor?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Y este arte no es la gimnstica?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Por medio de la gimnstica tenemos cuidado de nuestros pies, y por el arte del zapatero tenemos cuidado de las cosas destinadas a nuestros pies?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Por medio de la gimnstica tenemos cuidado de nuestras manos, y por el arte del joyero tenemos cuidado de las cosas destinadas a nuestras manos?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Por medio de la gimnstica tenemos cuidado de nuestro cuerpo, y por el arte del tejedor y todas las dems artes tenemos cuidado de las cosas destinadas a nuestros cuerpos?

ALCIBADES. Es indudable.

SCRATES. Y por consiguiente, el arte por el que tenemos cuidado de nosotros no es el mismo que aqul por el que tenemos cuidado de las cosas que son para nosotros?

ALCIBADES. As lo creo.

SCRATES. Se sigue de aqu, que cuando tienes cuidado de las cosas que son tuyas, no tienes cuidado de ti mismo.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Porque no es el mismo arte por el que un hombre tiene cuidado de s mismo y lo tiene de las cosas destinadas para s mismo?

ALCIBADES. Lo confieso.

SCRATES. Cul, pues, es el arte, por el que tenemos cuidado de nosotros mismos?

ALCIBADES. No puedo decrtelo.

SCRATES. Estamos convenidos ya en que no es ninguno por el que podemos mejorar las cosas que son nuestras, sino que es aqul por el que podemos hacernos nosotros mismos mejores.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Pero podemos conocer el arte de hacer zapatos, si no sabemos antes lo que es un zapato?

ALCIBADES. No.

SCRATES. Y el arte de engastar sortijas, si no sabemos antes lo que es una sortija?

ALCIBADES. Es claro.

SCRATES. Qu medio tenemos de conocer el arte que nos hace mejores a nosotros mismos, si no sabemos antes lo que somos nosotros mismos?

ALCIBADES. Es absolutamente imposible.

SCRATES. Pero es una cosa fcil conocerse a s mismo, y fue un ignorante el que inscribi este precepto a las puertas del templo de Apolo en Delfos? O es una cosa muy difcil que no es dado a todos los hombres conseguir?

ALCIBADES. Para m, Scrates, he credo con la mayor evidencia, que es dado a todos los hombres conseguirlo; pero tambin que ofrece gran dificultad.

SCRATES. Pero, Alcibades, sea fcil o no, es cosa infalible que si una vez llegamos a conocerlo, sabremos bien pronto y sin dificultad el cuidado que debemos tener de nosotros mismos; mientras que si lo ignoramos, jams llegaremos a conocer la naturaleza de este cuidado.

ALCIBADES. Eso es indudable.

SCRATES. Animo, pues! Por qu medio encontraremos la esencia de las cosas, hablando en general? Siguiendo este rumbo encontraremos bien pronto lo que somos nosotros, y si ignoramos esta esencia nos ignoraremos siempre a nosotros mismos.

ALCIBADES. Dices verdad.

SCRATES. Sgueme, y te conjuro a ello por Zeus. Con quin conversas en este momento? Es con otro ms que conmigo?

ALCIBADES. No, es contigo.

SCRATES. Y yo contigo?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Es Scrates el que habla?

ALCIBADES. S.

SCRATES. Es Alcibades el que escucha?

ALCIBADES. As es.

SCRATES. Y para hablar Scrates, no se vale de la palabra?

ALCIBADES. Qu quieres decir con eso?

SCRATES. Servirse de la palabra y hablar, no son la misma cosa?

ALCIBADES. Sin dificultad.

SCRATES. El que se sirve de una cosa y la cosa de que se sirve, no son diferentes?

ALCIBADES. No te entiendo.

SCRATES. Un zapatero, por ejemplo, se sirve del trinchete, de las hormas y otros instrumentos?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Y el que corta con su trinchete es diferente del trinchete con que corta?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Por consiguiente, el hombre que toca la lira no es la misma cosa que la lira con que toca?

ALCIBADES. Es seguro.

SCRATES. Esto es lo que te preguntaba antes: si el que se sirve de una cosa te parece diferente siempre de la cosa de que l se sirve.

ALCIBADES. S, muy diferente.

SCRATES. Pero el zapatero no corta solo con sus instrumentos, corta tambin con sus manos.

ALCIBADES. Tambin con sus manos.

SCRATES. Se sirve de sus manos?

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Se sirve igualmente de sus ojos al cortar?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Estamos de acuerdo en que el que se sirve de una cosa es siempre diferente de la cosa de que se sirve?

ALCIBADES. Estamos de acuerdo.

SCRATES. Por consiguiente, el zapatero y el tocador de lira son otra cosa que las manos y los ojos de que ambos se sirven?

ALCIBADES. Es claro.

SCRATES. El hombre se sirve de su cuerpo.

ALCIBADES. Quin lo duda?

SCRATES. Y lo que se sirve de una cosa es diferente que la cosa de que se sirve?

ALCIBADES. S.

SCRATES. El hombre, por consiguiente, es otra cosa que su cuerpo.

ALCIBADES. Lo creo.

SCRATES. Qu es el hombre?

ALCIBADES. Yo no puedo decirlo, Scrates.

SCRATES. Por lo menos podras decirme, que el hombre es una cosa que sirve del cuerpo.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Hay alguna cosa que se sirva del cuerpo ms que el alma?

ALCIBADES. No, no hay ms que el alma.

SCRATES. Es ella la que manda?

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Y yo creo que no hay nadie que no se vea forzado a reconocer

ALCIBADES. Qu?

SCRATES. Que el hombre es una de estas tres cosas.

ALCIBADES. Qu cosas?

SCRATES. Y el alma o el cuerpo, o el compuesto de uno y otro.

ALCIBADES. Conforme.

SCRATES. Pero estamos conformes en que el alma manda al cuerpo?

ALCIBADES. Lo estamos.

SCRATES. El cuerpo se manda a s mismo?

ALCIBADES. No, ciertamente.

SCRATES. Porque hemos dicho que el cuerpo es el que obedece.

ALCIBADES. S.

SCRATES. Luego no es lo que buscamos.

ALCIBADES. As parece.

SCRATES. Es el compuesto el que manda al cuerpo, y este compuesto es el hombre?

ALCIBADES. Podr suceder.

SCRATES. Nada menos que eso, porque en no mandando uno de los dos, es imposible que los dos juntos manden.

ALCIBADES. Eso es muy cierto.

SCRATES. Puesto que ni el cuerpo ni el compuesto de alma y cuerpo son el hombre, es preciso de toda necesidad, o que el hombre no sea absolutamente nada, o que el alma sola sea el hombre.

ALCIBADES. Ciertamente.

SCRATES. Hay necesidad de demostrar an ms claramente que el alma sola es el hombre?

ALCIBADES. No, por Zeus!, est bastante probado.

SCRATES. An no hemos profundizado esta verdad con toda la exactitud que ella exige, pero es suficiente la prueba hecha, y esto basta. La profundizaramos ms, cuando hubisemos encontrado lo que acabamos de abandonar, porque era de difcil indagacin.

ALCIBADES. Qu es?

SCRATES. Lo que dijimos antes, que era preciso, en primer lugar, conocer la esencia de las cosas generalmente hablando, y en lugar de esta esencia absoluta nos hemos detenido a examinar la esencia de una cosa particular, y quiz esto baste, porque no podremos encontrar en nosotros nada que sea ms que nuestra alma.

ALCIBADES. Eso es muy cierto.

SCRATES. Por consiguiente, es un principio sentado que cuando conversamos t y yo, es mi alma la que conversa con la tuya.

ALCIBADES. Entendido.

SCRATES. Esto es lo que decamos hace un momento: que Scrates habla a Alcibades dirigindole la palabra, no a su cuerpo como parece, sino a Alcibades mismo; es decir, a su alma.

ALCIBADES. Eso es evidente.

SCRATES. El que manda que nos conozcamos a nosotros mismos manda, por consiguiente, que conozcamos nuestra alma?

ALCIBADES. Yo lo creo as.

SCRATES. Luego el que conoce solo su cuerpo, conoce lo que est en l, pero no conoce lo que l es?

ALCIBADES. S.

SCRATES. As, un mdico no se conoce a s mismo, en tanto que mdico, ni un maestro de palestra, en tanto que maestro de palestra?

ALCIBADES. No, a mi parecer.

SCRATES. An menos los labradores y todos los dems artesanos que lejos de conocerse a s mismos, ni conocen lo que particularmente les toca, y adems su arte los liga a cosas ms lejanas an de ellos que lo que est en ellos. En efecto, el objeto de sus cuidados no es tanto su cuerpo como las cosas que tienen relacin con el cuerpo.

ALCIBADES. Todo eso es tambin muy verdadero.

SCRATES. Por lo tanto, si es sabidura conocerse a s mismo, ninguno de estos artistas es sabio por su arte.

ALCIBADES. Soy de tu dictamen.

SCRATES. Y he aqu por qu todas estas artes parecen viles, y por consiguiente indignas de una persona decente.

ALCIBADES. Eso es cierto.

SCRATES. Volviendo, pues, a nuestro principio, todo hombre que tiene cuidado de su cuerpo, tiene cuidado de lo que le pertenece, pero no de s mismo.

ALCIBADES. Estoy de acuerdo.

SCRATES. Todo hombre que ama las riquezas no se ama a s mismo, ni lo que est en l; sino que ama una cosa an ms lejana de l y de lo que est en l.

ALCIBADES. As me lo parece.

SCRATES. El que solo se ocupa en amontonar riquezas, maneja mal sus negocios?

ALCIBADES. Es muy cierto.

SCRATES. Si alguno se ha enamorado del cuerpo de Alcibades, no es Alcibades el objeto de su cario, sino una de las cosas que pertenecen a Alcibades.

ALCIBADES. Estoy convencido de ello.

SCRATES. El que ha de amar a Alcibades ha de amar su alma.

ALCIBADES. Consecuencia necesaria.

SCRATES. He aqu por qu el que solo ama tu cuerpo se retira desde que esta flor de belleza comienza a marchitarse.

ALCIBADES. Es cierto.

SCRATES. Pero el que ama tu alma, no se retira jams, en tanto que puede ella aspirar a mayor perfeccin.

ALCIBADES. As parece.

SCRATES. Aqu tienes la razn de por qu he sido yo el nico que no te ha abandonado y que permanece constante, despus que aparece marchita la flor de tu belleza y que todos tus amantes se han retirado.

ALCIBADES. Gran placer me das, y te suplico que no me abandones.

SCRATES. Trabaja sin descanso con todas tus fuerzas para hacerte mejor.

ALCIBADES. Trabajar.

SCRATES. Al ver lo que sucede, es fcil juzgar que Alcibades, hijo de Clinias, jams ha tenido, y aun ahora mismo no tiene, ms que un nico y verdadero amante; y este amante fiel, digno de ser amado, es Scrates, hijo de Sofronisco y Fenarete.

ALCIBADES. Nada ms verdadero.

SCRATES. No me dijiste, cuando me avist contigo y antes de que yo te hiciera prevencin alguna, que tenas intencin de hablarme para saber por qu era el nico que no me haba retirado?

ALCIBADES. As te lo dije, y es muy cierto.

SCRATES. Ahora ya sabes la razn, y es que yo te he amado a ti mismo, mientras que los dems solo han amado lo que est en ti.

La belleza de lo que est en ti comienza a disiparse cuando tu belleza propia comienza a florecer; y si no te dejas malear y corromper por el pueblo, yo no te abandonar en toda mi vida. Pero temo que infatuado con el favor del pueblo te pierdas, como ha sucedido[11] a un gran nmero de nuestros mejores ciudadanos; porque el pueblo de la magnnima Erectea[12] tiene una preciosa mscara; pero es preciso verle con la cara descubierta. Creme, pues, Alcibades, y toma las precauciones que te digo.

ALCIBADES. Qu precauciones?

SCRATES. La de ejercitarte y aprender bien lo que es preciso saber antes de mezclarte en los negocios de la repblica, a fin de que, robustecido con un buen preservativo, puedas sin temor exponerte a los peligros.

ALCIBADES. Todo eso est muy bien dicho, Scrates; pero trata de explicarme cmo podemos tener cuidado de nosotros mismos.

SCRATES. se es negocio ya ventilado; porque ante todas cosas hemos sentado lo que es el hombre, y con razn, porque temeramos, no siendo este punto bien conocido, dirigir nuestro cuidado a otras cosas que no fueran nosotros mismos, sin apercibirnos de ello.

ALCIBADES. As es.

SCRATES. Estamos convenidos, adems, en que es el alma la que es preciso cuidar, debiendo ser ste el nico fin que nos propongamos.

ALCIBADES. Sin duda.

SCRATES. Que es preciso dejar a los dems el cuidado del cuerpo y de lo que pertenece al cuerpo, como las riquezas.

ALCIBADES. Puede negarse eso?

SCRATES. Cmo podramos sentar esta verdad de una manera ms clara y evidente? Porque si consiguiramos verla con toda claridad, es indudable que nos conoceramos perfectamente a nosotros mismos. Tratemos, pues, en nombre de los dioses, de entender bien el precepto de Delfos, de que ya hemos hablado; pero comprendemos, por ventura, ya toda su fuerza?

ALCIBADES. Qu fuerza? Qu quieres decir con eso, Scrates?

SCRATES. Voy a comunicarte lo que a mi juicio quiere decir esta inscripcin y el precepto que ella encierra. No es posible hacrtelo comprender por otra comparacin que por esta que se toma de la vista.

ALCIBADES. Cmo?

SCRATES. Fjate bien: si esta inscripcin hablase al ojo, como habla al hombre, y le dijese: mrate a ti mismo, qu creeramos nosotros que le deca? No creeramos que la inscripcin ordenaba al ojo que se mirase en una cosa, en la que el ojo pudiera verse?

ALCIBADES. Eso es evidente.

SCRATES. Busquemos esta cosa, en la que, mirando, podamos ver el ojo