La prueba en los supuestos de violencia de vg univ csc

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  1. 1. , Vol. XVIII/1-2 (231-246)231 Revista Iberoamericana de Estudios Utilitaristas-2011, XVIII/1-2: (231-246) ISSN 1132-0877 La Prueba En Los Supuestos De Violencia De Gnero1 Sonia Esperanza Rodrguez Boente Universidad de Santiago de Compostela Resumen Transcurridos ya ocho aos desde la aprobacin de la Ley 1/2004, de vio- lencia de gnero, es oportuno hacer balance de su aplicacin. El presente trabajo se centra en la prueba de las conductas tipificadas bajo esa rbrica. En concreto, trata de ofrecer respuesta a tres problemas. En primer lugar, cuestiona la correccin de esgrimir como nica prueba para desvirtuar la presuncin de inocencia del acusado la declaracin de la vctima; en segun- do lugar, analiza si de la doctrina establecida por el Tribunal Supremo en materia de prueba de violencia de gnero se deduce que existe esa posibi- lidad, y si la respuesta vale para todos los supuestos o slo para un cierto tipo; y en tercer lugar, trata de determinar qu consecuencias puede llevar aparejada esa admisin. Palabras clave: violencia, gnero, prueba. Abstract Eight years since the Spanish statute on gender violence (Ley 1/2004) has been passed, it is time to assess its implementation. This paper deals with the proof of acts that are typified under that heading. In particular, it fo- cuses on three issues. Firstly, it questions the admissibility of accepting the victim testimony as sufficient evidence to outweigh the presumption of innocence in favour of the accused. Secondly, it analyzes whether the Spa- 1 [Recepcin: 31 de agosto de 2013. Aceptacin: 1 de octubre de 2013.] Este tra- bajo ha sido realizado en el marco del Proyecto de Investigacin DER2010- 19897-C02-02, financiado por el MICINN, titulado Razonamiento abductivo y argumentacin judicial dirigido por Pablo Ral Bonorino Ramrez, que se integra en el Proyecto coordinado Modelos de razonamiento, tipos de razona- miento y estructuras argumentativas en la decisin judicial, coordinado por Juan Antonio Garca Amado.
  2. 2. Sonia Esperanza Rodrguez Boente La prueba en los supuestos de violencia de gnero 232 , Vol. XVIII/1-2 (231-246) nish Supreme Court doctrine on evidence in cases of gender violence allows inferring such admissibility, and whether this is applicable to every case or only to a certain type. Thirdly, it tries to identify the consequences that can be attached to that admission. Key words: violence, gender, proof. De acuerdo con mi punto de vista una lectura moral del principio de dao nos concede libertad para hacernos felices y ayudar a los dems para que tambin lo sean. Libertad para abrigar odio, malquerencia, etc., es libertad para guardar veneno y emponzoar el ambiente. () Los que se autoproclaman como defensores acrrimos de una liber- tad individual sin lmites, son los propios enterradores de la vida hu- mana de la libertad. Esperanza Guisn: Libertad limitada.2 No dir nada nuevo si afirmo que la violencia de gnero contina siendo uno de los problemas que ms preocupan en nuestra so- ciedad, sobre todo en aquellos casos en que las conductas violen- tas desembocan en la muerte de mujeres a manos de sus maridos, exmaridos, parejas o exparejas. El legislador espaol crey ofre- cer una solucin tajante e integral para estos supuestos cuando aprob la Ley orgnica 1/2004, de 28 de diciembre, de Violencia de Gnero, en la que estableca una serie de medidas de accin in- tegral contra la violencia de gnero, como son las correspondien- tes al mbito educativo, publicidad y medios de comunicacin, mbito sanitario, mbito laboral, derechos econmicosPero la estrella de la proteccin integral era, sin duda, la penal y el legis- lador se comprometi a fondo en este sentido. As, los artculos 37 (proteccin contra los malos tratos), 38 (proteccin contra las amenazas) y 39 (proteccin contra las coacciones), modificaban, respectivamente, los artculos 153, 171 en sus apartados 4, 5 y 6- 2 . Revista Iberoamericana de Estudios Utilitaristas, Vol. X, n 2, pp. 51- 60, p. 54.
  3. 3. Sonia Esperanza Rodrguez Boente La prueba en los supuestos de violencia de gnero , Vol. XVIII/1-2 (231-246)233 y 172 del Cdigo Penal, estableciendo una mayor penalidad para los supuestos en que la vctima fuese mujer que en los supuestos en los que fuese hombre.3 Han pasado ya ocho aos desde la aprobacin de la ley 1/2004 y las crticas a la misma han aumentado progresivamente, sobre todo entre quienes tienen que aplicarla, los jueces. No slo, y principalmente, por establecer una discriminacin positiva (ms condena para el infractor si es hombre que si es mujer) absoluta- mente extraa al mbito penal y totalmente criticable desde mi punto de vista, sino tambin, porque se ha abandonado progre- sivamente la idea, totalmente infundada, de que es polticamen- te incorrecto criticar esta norma porque ello supone ponerse del lado del agresor. En este sentido, suscribo totalmente las siguien- tes palabras de Nieva Fenoll: Es muy triste que el Legislador haga su labor a golpe de titular. Pero, por desgracia, es lo que ha hecho en este caso, sin desmerecer este juicio en absoluto la abnegada labor y nobles intenciones de los impulsores de la re- forma, que comparto plenamente. Porque los actos de violencia de gnero son ciertamente graves, frecuentes y, sobre todo, exe- crables.4 Actualmente los jueces ya no silencian sus crticas a la ley,5 lo cual no supone, es obvio, defender a los agresores. Critican que el legislador hubiese hecho su trabajo desconociendo las reglas mnimas a las que debe someterse, sin rigor, y con el fin prepon- derante de conseguir un puado de votos. Critican el hecho de que el legislador se hubiese plegado a la presin de la sociedad y de los medios de comunicacin, pero critican todava ms que esa presin haya condicionado tambin, y en no pocos casos, la ac- tuacin de quienes deben aplicar sus contenidos, sustancialmen- 3 La Ley orgnica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres complet varios aspectos de la 1/2004, como la polticas pblicas para activar las acciones positivas a favor de la igualdad hombre mujer, pero no se ocup de cuestiones penales. 4 Nieva Fenoll, Jordi: La instruccin y el enjuiciamiento de delitos causados por la violencia de gnero, Justicia 2006. Revista de Derecho Procesal, pp. 77-155, p. 81. 5Vid. declaraciones del juez de familia Francisco Serrano en (consultada el 26/6/2012) y de Anto- nio Pia Alonso, Magistrado Juez Decano de Orense y Mara Pinto, Magistrada Juez del juzgado de violencia sobre la mujer nmero 1 de Mstoles, en . (consultada el 26/6/2012).
  4. 4. Sonia Esperanza Rodrguez Boente La prueba en los supuestos de violencia de gnero 234 , Vol. XVIII/1-2 (231-246) te, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, por un lado, y los jueces, por otro. En concreto, este trabajo se centrar en la actuacin de estos ltimos.6 Entre las dos influencias sealadas resulta mucho ms grave la ejercida sobre el poder judicial. Al fin y al cabo las leyes se pueden reformar al comps del cambio de composicin de las cmaras y responden a planteamientos claramente parciales. En cambio, de los jueces se espera que sean independientes e imparciales y que se sometan, exclusivamente, a la Constitucin y las leyes. Lo cierto es que la influencia social y meditica que se ejerce sobre los jueces en torno a la violencia de gnero ha trado apare- jadas una serie de consecuencias muy negativas. En primer lugar, en la actuacin judicial se observa un marcado sesgo sexista a favor del gnero femenino, que conduce a que parta de la premisa implcita de que los hombres son casi siempre los malos mal- simos mientras que las mujeres son casi siempre buenas buen- simas. En segundo lugar y derivado de lo anterior, en los supues- tos de violencia de gnero se desvanece un tanto el principio in dubio pro reo, en el sentido de que, en caso de duda, la presin a la que se ve sometido el juez le conmina a inclinar la balanza hacia la condena y no hacia la absolucin.7 Y, en tercer lugar, y 6 dichos aspectos procesales tampoco pueden analizarse si antes no se hace referencia a una circunstancia que ha lastrado desde el principio a las reformas legislativas, y que nunca hubiera debido motivar, por s sola, la actuacin del Legislador en esta materia. Me refiero a la presin meditica. () Y dicho tras- fondo consisti en que desde finales del segundo milenio, algunos periodistas (que por fortuna fueron una minora) se dedicaron, no a denuncias estas secu- lares escalofriantes agresiones a mujeres, que es lo que trataban de hacer creer. Por desgracia, se dedicaron a vivir de ellas. Se explot mediticamente a mlti- ples mujeres maltratadas. Se hizo carnaza de horribles asesinatos en los que el adjetivo pasional era absolutamente inadecuado. () Se vulner la intimidad de muchos ciudadanos y, como siempre ocurre, se aprovech para realizar va- rias denuncias falsas que aumentaron la conflictividad en el mbito familiar, y provocaron un tremendo perjuicio a personas a la que nunca les fue respetado su derecho a la presuncin de inocencia, salvo cuando un Juez les reconoci inocentes. Y a veces, an as. Se intent condicionar, desde los medios de co- municacin, el libre pensamiento de los ciudadanos, pero sobre todo el de los jueces, los abogados y, en definitiva, el de todo operador relacionado con este tema (cursiva ma): Nieva Fenoll, Jordi: La instruccin y el enjuiciamiento de delitos causados por la violencia de gnero, Justicia 2006. Revista de Derecho Procesal, pp. 77-155, pp. 80, 83. 7 La misma presin es sentida por los miembros de las fuerzas y cuerpos de se- guridad del Estado, lo cual les lleva a detener inmediatamente al denunciado
  5. 5. Sonia Esperanza Rodrguez Boente La prueba en los supuestos de violencia de gnero , Vol. XVIII/1-2 (231-246)235 tambin en ntima relacin con el debilitamiento del principio in dubio pro reo, es preciso referirse a la posibilidad establecida por el propio Tribunal Supremo, de considerar probado un delito de violencia de gnero toma