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  • TEMA 27: LAS NUEVAS TENDENCIAS A PARTIR DEL SIGLO XX Prof. Dr. Eduardo Escartín González

    ΤΤΤΤ22227777 −−−− 423

    HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO

    TEMA 27

    LAS NUEVAS TENDENCIAS

    A PARTIR DEL SIGLO XX

  • TEMA 27: LAS NUEVAS TENDENCIAS A PARTIR DEL SIGLO XX Prof. Dr. Eduardo Escartín González

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    1.- ANTECEDENTES: EL ANÁLISIS MONE-

    TARIO Y LA TEORÍA CUANTITATIVA

    El principio de marginalidad, que se estaba

    aplicando para explicar los fenómenos económicos, no

    afectó al análisis monetario. Los pocos intentos de

    aplicarlo al estudio del dinero fueron infructuosos y no

    lograron destacar la importancia del papel que el dinero

    desempeña en el sistema económico (Spiegel, p. 684).

    A principios del siglo XX siguió predominando

    una teoría monetaria cuantitativa, según el teorema de la

    cantidad (que postula que el incremento de la cantidad

    de dinero se resuelve en aumento de precios), y la

    consideración de un dinero neutral que sólo afectaba al

    nivel de precios, pero no a la producción y a la

    distribución (Schumpeter, 1954, p. 1181).

    Aunque algunos autores (como von Mises,

    Marshall y Fisher) observaron que se demandaba el

    dinero por sí mismo, como inversión (por su función de

    depósito de valor, que es un tímido paso hacia la teoría

    de la preferencia por la liquidez), y que el atesoramiento

    estaba relacionado con las crisis económicas, no hubo

    avances generales en la teoría monetaria, ni siquiera para

    desprenderse del lastre de la neutralidad del dinero, pese

    a que se sabía que éste generalmente tenía efectos sobre

    la economía real (Schumpeter, 1954, p. 1180).

    El problema principal de la investigación

    monetaria se centró en la relación entre dinero y precios,

    o sea, el poder adquisitivo del dinero. A este propósito,

    el estudio de los números índice sirvió de gran ayuda

    (Schumpeter, 1954, pp. 1181 y 1182).

    En el intento de explicar el poder de compra

    del dinero sobresalió Irving Fisher (1867-1947) -que se

    estudiará más extensamente en el Tema 29-. Formuló su

    «ecuación de cambios», expuesta en su libro El poder

    adquisitivo del dinero (1911). La ecuación de cambios

    puede transformarse fácilmente en la teoría cuantitativa,

    del dinero en cuanto se consideran una oferta y una

    demanda de dinero que se igualan. La oferta se supone

    fija (cuyo monto lo decide exógenamente el gobierno) y

    la demanda de dinero se supone que se determina en

    función de los agregados macroeconómicos que forman

    parte de la ecuación de cambios (Schumpeter, 1954, pp.

    1189 y ss.). La ecuación de cambios, en su versión más

    sencilla, expresa que:

    M ⋅⋅⋅⋅ V = P ⋅⋅⋅⋅ T

    Las definiciones de estas cuatro variables crean

    de por sí arduos problemas. Pero las ventajas de esta

    formulación son las posibilidades de cuantificación y de

    contraste mediante las técnicas econométricas y

    estadísticas. En términos muy generales:

    M es el stock de dinero (u oferta del mismo que,

    en su conversión a la teoría cuantitativa, se

    iguala a la demanda, que es el saldo monetario

    que el público desea mantener líquido).

    V es la velocidad de circulación del dinero.

    P es el nivel general de precios.

    T es el volumen de las transacciones por unidad

    de tiempo (o intercambios realizados durante

    un periodo. En ocasiones, se interpreta T como

    el monto de la renta nacional, aunque éste sea

    muy inferior a aquél durante el mismo lapso.

    El más estricto cuantitativismo implicaba

    hipótesis muy restrictivas: constancia de V; ausencia de

    relación entre determinadas variables (como entre P y T,

    P y V, T y V); ignorancia de influencias indirectas

    (como las variaciones del tipo de interés, los cambios en

    la distribución de la renta y en los gastos de los

    consumidores) y validez de la ecuación sólo cuando se

    estaba en equilibrio (en periodos de transición había

    anomalías que impedían la igualdad).

    Evidentemente, muchos autores no estuvieron

    dispuestos a aceptar tantas limitaciones que dejaban

    prácticamente inoperativa a la teoría cuantitativa, pues

    quedaba reducida al simple teorema de la cantidad; es

    decir, a una mera relación causal entre M y P (aunque

    era sugestiva la implicación de poder controlar el nivel

    de precios manipulando la oferta monetaria).

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    2.- LA TEORÍA MONETARIA EN LA UNI-

    VERSIDAD DE CAMBRIDGE

    Marshall había explicado, en sus clases, una teoría

    monetaria de tipo cuantitativista, que ponía el énfasis en

    los saldos monetarios en efectivo que el público deseaba

    mantener en forma líquida (Harrod, 1969, p. 195).

    Sus discípulos de Cambridge formularon una

    teoría de la demanda monetaria en la que la cantidad de

    dinero, o liquidez, deseada por el público era una

    proporción de la renta. En su formulación más sencilla

    (debida a Keynes, en su Tratado sobre la reforma

    monetaria), M = P·kR; igualdad en la que M es la

    demanda de dinero, R la renta real y k la proporción de

    ella que la gente desea mantener en dinero para efectuar

    las transacciones (Harrod, 1969, p. 195).

    Esta ecuación de Cambridge es similar a la de

    Fisher (MV = PT), y sus términos se corresponden con

    los de ésta última cuando se considera a k como

    equivalente al inverso de la velocidad de circulación del

    dinero (k = 1/V) y a las transacciones derivadas de la

    renta R como T (Harrod, 1969, p. 195-196).

    Sin embargo, las discrepancias entre ambas son

    muy notables. Los economistas de Cambridge, con su

    formulación, cambian sustancialmente de enfoque.

    Ponen el énfasis en los deseos del público por mantener

    en su poder unos saldos líquidos, y en que esos saldos se

    ven afectados por el nivel de precios (Spiegel, p. 679).

    Es decir, la gente desea mantener dinero porque lo

    necesita para guardarlo y para comprar mercancías, y

    cuanto mayor sea su precio tanto más dinero necesitará

    tener en sus manos por término medio.

    Esta versión, pese al cuantitativismo imperante

    entre los neoclásicos de la escuela de Cambridge, deja

    en un segundo plano la incidencia de la cantidad de

    dinero en los precios, al centrarse en la demanda del

    dinero como factor determinante del poder adquisitivo

    de una oferta dada de dinero para llevar acabo las

    transacciones deseadas (Harrod, 1969, p. 197).

    En suma, las discrepancias más destacables son:

    1ª.- M en la ecuación de cambios, se refiere a la

    cantidad total de dinero existente en la sociedad.

    M en la ecuación de Cambridge se refiere a la

    cantidad de dinero demandada para dedicarla a las

    transacciones.

    2ª.- En la ecuación de cambios se centra la

    atención en la oferta de dinero, de forma que sus

    variaciones afectan al nivel de precios.

    En la ecuación de Cambridge se centra la atención

    en la demanda de dinero, de forma que ésta se ve

    afectada por las variaciones del nivel de precios.

    Los economistas de Cambridge más relevantes en

    el aspecto de la teoría monetaria son:

    Sir Ralph G. Hawtrey (1879-1971), economista

    británico que estudió la influencia de las variaciones del

    volumen de crédito sobre el ciclo económico. La crisis

    económica se origina cuando el sistema crediticio se

    encuentra con dificultades para mantener sus saldos

    deseados de liquidez; entonces las entidades bancarias

    restringen el crédito originando la recesión de los

    negocios (Schumpeter, 1954, p. 1216). Entre sus obras

    se encuentran Dinero y crédito (1919), El problema

    económico (1926), Capital y empleo (1937), El destino

    económico (1944) y La balanza de pagos (1950).

    Dennis Robertson (1890-1963) fue un economista

    británico que sucedió a Pigou en la cátedra de economía

    política de Cambridge (1944-1957). Ayudó a Keynes, de

    quien fue discípulo, en la década de los 20 del siglo

    pasado, pero luego se posicionó frente al keynesianismo.

    Publicó su aportación a la teoría monetaria en

    relación con los ciclos económicos en Estudio de las

    fluctuaciones industriales (1915), donde considera que

    las causas de ellas se deben tanto a elementos

    monetarios como a determinados elementos reales de la

    economía. También realzó el papel que desempeñan en

    la economía las expectativas (Spiegel, p. 681).

    Otras obras de este autor son: Dinero (1922),

    Política bancar