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1. ARTÍCULOS CIENTÍFICOS
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    artíCulos CientífiCos

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    Revista de economía & administRación, vol. 13 no. 2. Julio - diciembRe de 2016

    Competitividad: ConCepto y evoluCión HistóriCa

    ComPetitividad: ConCePto y evoluCión HistóriCa*

    ComPetitiveness: ConCePt and HistoriCal evolution

    Henry Arboleda HomeΨ

    * Este artículo fue recibido el 21‑09‑2016 y aprobado el 21‑10‑2016. Ψ Economista M.A. de Michigan State University. Docente de las universidades Icesi y Javeriana‑Cali. Asesor

    Grupo de Investigación en Economía y Desarrollo, GIED – Universidad Autónoma de Occidente. Correo – e: [email protected]

    ResumenEste artículo examina los aspectos más relevantes de la competitividad, en lo relativo al marco conceptual y al contexto histórico nacional, desde la época de la colonia hasta el momento actual. Para este propósito, se confrontan los puntos de vista de distintos autores, así como el comporta‑miento de las instituciones y de las actividades productivas, con los retos del cambio tecnológico y la economía mundial.

    Palabras claveCompetitividad, ventaja competitiva, clústeres, cadenas productivas.

    AbstractThis article examines the most important aspects of competitiveness regarding the conceptual fra‑mework and historical context from the colony age until now. For this purpose, different authors’ points of view the same as the behavior of the institutions and the productive activities are confronted with the challenges of the technological change and the ones of the world economy.

    Key wordsCompetitiveness, competitive advantage, cluster, productive chains.

    Clasificación J.E.L: O12, R12.

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    Henry ArboledA Home

    Introducción

    Este artículo responde a la preocu‑pación del Grupo de Investigación en Economía y Desarrollo, GIED, de la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), por estudiar la naturaleza e impactos de las políticas en torno a la competitividad sectorial y empresarial de la regiónPacífico, lo cual se haconvertido en un referente obligado dentro del estudio del desarrollo y bienestar de las economías en el contexto nacional, regional y local. El tema genera interesantes sinergias, dadoque la filosofíade la competi‑tividad descansa, cada vez más, en el conocimiento científico, técnico,informativo y administrativo, bajo restricciones exigentes de control de calidad y de respeto por los derechos ambientales, laborales y culturales.

    Marco metodológico

    El artículo se apoya en la herramienta analítica que permite, en primer lugar, entrelazar el concepto vertebral de competitividadconlasdefinicionesdecompetencia, ventaja competitiva y clústeres, a la luz de los enfoques de diferentes autores, tanto de la economía clásica‑neoclásica como de la econo‑mía actual. En segundo lugar, permite examinar su evolución en diferentes períodos de la historia de Colombia, destacando los esfuerzos por generar nuevas formas de producción con base en aportes regionales e institucionales

    muyespecíficos.Finalmente,seplan‑teauna reflexiónsobreelalcancedela competitividad en el contexto actual de la economía mundial y nacional, sin avanzar hacia aspectos relacionados con indicadores del orden sectorial‑empresarialdetipogeográfico,loscua‑les pueden mirarse, con mayor detalle, en el informe entregado al Grupo de Investigación en Economía y Desarrollo, GIED, de la Universidad Autónoma de Occidente, en diciembre de 2014, titu‑lado “Línea de Competitividad”.

    Enfoque conceptual

    Origen y nexos del concepto de competitividad

    La competitividad es un concepto com‑plejo, cuyo recorrido formal histórico arranca en la década de los 80 con los análisis de Michael Porter sobre “ventaja y estrategia competitiva”, los cuales concibe como la mayor capacidad de producción de bienes y servicios, y actuar exitosamente en mercados internos y externos de una economía. La competitividad tiene suvínculoconotrasdosdefinicionesque han tenido amplia manipulación en el desarrollo histórico de la teoría económica, como son la competencia y la ventaja comparativa.

    La competencia, llámese perfecta o imperfecta, constituye un proceso de interacción de firmas del mercado, encaminado a la generación de bienes

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    Competitividad: ConCepto y evoluCión HistóriCa

    y servicios para obtener beneficios monetarios. Si contrastamos este con‑cepto con el de competitividad, aparecen afinidadesyrelacionesestrechasentreellos. Tanto es así que, a comienzos de los años 80, cuando aparece la palabra “competitividad”, un diccionario español de economía la consideraba como un simple término de moda traducido del inglés “competitiveness”,cuyosignifica‑do era “capacidad para competir”, y que comprendía un conjunto de habilidades y condiciones requeridas para el ejerci‑cio de la competencia (Muller, 1995). De esta forma, la competencia vendría a ser un resultado de la competitividad, que‑dando incluida en este último concepto.

    A partir de los años 90, el término competitividad fue madurando hasta alcanzar su nicho propio, que rompe los moldes de un simple concepto económico, para ubicarse a nivel de “mapa de competitividad”, donde caben otras concepciones y dimen‑siones en lo sociocultural, lo político y lo ambiental, y que va a servir de guía para procesos macro y micro de la planeación del desarrollo.

    El otro concepto con el que se relacio‑na la competitividad es el de “ventaja comparativa”, el cual, contrariamente al de competencia, se mueve en un contexto macroeconómico. Su alcance, planteado por los economistas clási‑cos, en particular por David Ricardo (1817), tiene que ver con el comercio de los países, cuando cada uno de ellos se especializa y exporta los

    productos para los cuales sus costos relativos son menores. Los economis‑tas clásicos consideraron, por tanto, que el comercio exterior constituía una fuerza particularmente positiva para el desarrollo de los países, pues permitía el usomáseficientede los recursosinternos, vía especialización en la producción, de acuerdo a su ventaja comparativa. Otros economistas clási‑cos, como John Stuart Mill, fueron un poco más lejos, destacando los efectos dinámicos del comercio, que incluyen la habilidad para adquirir tecnología y capital extranjero, así como sus impac‑tos sobre la acumulación de ahorros, el cambio de gustos, y el estímulo a la actitud empresarial y a las innovacio‑nes (Applegard & Field, 2002).

    Planteamientos teóricos contemporáneos

    Enfoque de Michael Porter

    Frente a la versión original de la ventaja comparativa estática, atada a una disponibilidad dada de recursos que giran en torno a características geográficas, climáticas y culturalesde un país, y que da lugar a “enclaves de explotación económica”, aparece el enfoque de Michael Porter (1990), quien plantea que la versión dinámica de “ventaja competitiva” es algo que centra la atención de los gobiernos, y lo ha sido en Colombia desde 1990, pero que, sin embargo, no ha plasmado una teoría macro que sea

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    clara y generalizada como la de “em‑presa competitiva”. Muchos autores han intentado hacerlo, examinando la competitividad nacional como un fenomeno determinado por variables macroeconomicas, como el tipo de cambio, la tasade interés, el déficitfiscaly losbajossalarios frutode laabundancia laboral o la abundancia de recursos naturales. Pero sin importar el éxito competitivo de casi todos los 10 países investigados por Porter (1990), Alemania, Japón, Suiza, Sue‑cia, Italia, Dinamarca, Corea del Sur y Singapur son países con limitación de recursos naturales, exceptuando a Estados Unidos y Reino Unido. Porter señala que ni siquiera la polí‑ticagubernamentalhasidosuficientepara ello, ni tampoco las prácticas de gestión, incluidas las relaciones entre directivos y trabajadores, o la existencia de sindicatos. Parece ser que aunque todas estas variables juegan algun papel al explicar la posición competitiva industrial de un país, existe otro conjunto de fuerzas más complejo que interviene en este asunto. Lo que hace competitiva a una nación, según Porter, no es el que todas las empresas o sectores sean competitivos. Esto lleva a pen‑sar, entonces, que es preciso buscar “nichos de competitividad”. Tampoco el solo manejo cambiario con fuertes devaluaciones explica necesaria‑mente el buen comportamiento del comercio exterior. Alemania y Japón han logrado resultados muy positivos bajo circunstancias de moneda fuerte

    y precios al alza. Porter (1990) conclu‑ye que el eje de la competitividad nacional es la productividad de la mano de obra y del capital, medida como el valor de la produccion por unidad de cada uno de sus factores.

    La productividad está determinada por la calidad y naturaleza de los bie‑nes que se generan, así como por la eficienciaconqueseproducen.Delaproductividad dependen los salarios de los trabajadores y el rendimiento del capital. Si una nación posee empresas con altos niveles de productividad, alcanzará, en consecuencia, altos ni‑veles de vida. La productividad crece “pari pasu”, con el crecimiento de la economía, y es un proceso continuo que debe responder a los retos que plantean los sectores industriales avanzados de último momento.

    El papel de la innovación, agrega Porter, es importante en el logro de la ventaja competitiva. Innovar es lo que hicieron los japoneses al producir modelos más pequeños (utilitarios) de automóviles que los competidores extranjeros. Así‑mismo, la preocupación mundial por la seguridadhizoquelafirmasuecaVolvoy otras similares triunfaran claramente al crear el “air bag” y otros aditamentos del automóvil. Pero la innovación requiere información, fruto de la investigación selectiva, y también de decisión y temple frente a las necesidades y ad‑versidades. Por otra parte, la ventaja competitiva que se genera con un in‑vento, se logra mantener no a base de

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    “inmunizar” el invento con talanqueras para que otros no accedan a él, sino a base de procesos de mejora o pefeccio‑namiento. Si la empresa que innova no perfecciona su invento, habrá otra que lo hará y le “robará” así la oportunidad de ser más competitiva.

    Enfoque sistémico de la competitividad

    Este enfoque constituye un proceso de creación colectiva, donde se pueden distinguir cuatro niveles económicos (Malaver, 1998):

    Nivel meta: entendido como la capaci‑dad tanto de conducción y regulación del Estado, como de patrones de orga‑nización social, visiones estratégicas y planes de desarrollo que den cabida plena a procesos sociales de apren‑dizaje y comunicación, encaminados a un desarrollo tecnológico‑industrial orientado a la competencia.

    Nivel macro: apunta al logro de la estabilidadyfuncionamientoeficientede los mercados, donde es funda‑mental la armonización de las polí‑ticasmacroeconómicasen lo fiscal,monetario, presupuestal, cambiario y de comercio exterior. La unidad de análisis es el país.

    Nivel meso: corresponde al desarro‑llo de políticas que den lugar a crear eficienciadelentornoconmejoraseninfraestructura física e institucional, así

    como procesos de aprendizaje tecno‑lógico y de innovación encaminados a potenciar la productividad de los recur‑sos empresariales regionales y locales. La unidad de análisis es la región.

    Nivel micro: gira en torno a que las empresas adquieran mayores niveles deeficiencia,reduciendocostosoele‑vando la productividad de los insumos, mejoren la calidad y posean mayor flexibilidad y velocidad de reacción,haciendo cambios drásticos en cuanto a acortar tiempos de producción, in‑tegrar producción y comercialización y reducir proveedores directos. La competitividad en el nivel micro se basa en la interacción con competi‑dores, servicios complementarios de la producción, clientes y proveedores. La unidad de análisis es la empresa.

    El concepto de competitividad sisté‑mica permite así precisar prioridades, sobre todo si se quiere lograr que la competitividad aterrice más en la loca‑lización industrial regional, y conduce finalmente a la comprensión de losfactores que determinan un desarrollo industrial exitoso, centrándose en la importancia de crear redes entre el gobierno, las empresas y las institucio‑nes, que faciliten las condiciones para el logro de dicho desarrollo.

    Posición de P. Krugman

    Paul Krugman, premio Nobel de Eco‑nomía en 1995, ha sido uno de los

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    duros críticos del concepto ortodoxo de competitividad. Según él, este cambia sustancialmente cuando se aplica a una nación o a una empresa específica. Piensa que cuando las firmascompitenenelmercadodebie‑nes, el comercio resultante es un juego de suma cero, donde lo que gana una firma lo pierdeotrauotras.Sinembargo, los países en su comercio exterior no actúan así, ya que tienden a especializarse en cierto tipo de bienes, dondesusfirmasexportadorasgananmás, aprovechando las economías de escala que ofrecen los mercados de mayor tamaño. Para Krugman, produc‑tividad y competitividad son conceptos equivalentes para el caso de países con limitado comercio exterior, como lo eran Estados Unidos, Europa y Japón en la década de los 50. A pesar de que el comercio mundial es cada vez más grande, los estándares de vida de cada país no los determina mayormente la competencia en los mercados mun‑diales, sino los factores internos de cada uno de ellos (Krugman, 1995). Lo anterior resulta particularmente cierto en la actualidad para países con grandes mercados internos, como Es‑tados Unidos, China e India, o bloques económicos como la Unión Europea o la Unión de Países Escandinavos, donde al área exportadora dentro del comercio intra‑regional, le conviene que le vaya bien a su contraparte importadora. De esa forma, se da un proceso que es más de complementa‑riedad que de competencia. Lo anterior significaqueeldesarrollomodernode

    los países más avanzados no ha sido fruto, como sí lo fue en algunas épocas anteriores, de la intensa rivalidad entre ellos, sino más bien de complementar y compartir procesos de producción y tecnología, con inversiones conjuntas en muchos casos. Krugman previene sobre la obsesión de la competitividad, de modo tal que ella no se convierta en una “guerra de comercio mundial” que nos lleve al extremo de aplicar nuevamente políticas proteccionistas.

    Otros enfoques sobre competitividad

    Entre los enfoques alternos se distin‑gue el de la visión espacial (Lotero, Posadas y Valderrama, 2009), que plantea como factores determinantes el costo de transporte, comunicación e información, desde la zona productora hasta el mercado; la infraestructura física, social y financiera, y la basede recursos naturales determinada por condiciones agroecológicas. En consecuencia, las regiones con con‑diciones extremas de vida no atraen definitivamenterecursos,ni tampocolo hacen aquellas donde la calidad del marco institucional es pobre. Esto da pie para plantear la competitividad bajo la dicotomía de centro‑periferia al interior de los países. El centro, generalmente, reúne mejor dotación de recursos laborales, infraestructura de transporte, telecomunicaciones, centros de investigación tecnológica y, también, mejor aplicación de las leyes y de condiciones de vida, como es el

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    caso de las áreas metropolitanas de Colombia. En contraposición a estas, existen otras regiones periféricas, como es el caso de Chocó, Amazonia, Orinoquia y Catatumbo, las cuales, salvo por la explotación minera o de hidrocarburos, no atraen mayormente recursos por carencias enormes en las dotaciones arriba señaladas.

    Otro enfoque es el de la estrategia empresarial (Cabanelas, Paniagua & Lorenzo, 2006), que fundamenta la competitividad en las capacidades de organización y gestión interna de las empresas. Los autores más des‑tacados son Drucker (1964), con los aportes sobre estrategia competitiva; Porter (1980), con sus estrategias de diferenciación y liderazgo en costos; Andrews (1971), pionero del análisis DOFA; Ansoff (1976 a 1985), con su matriz de productos marcados; Fores‑ter (1961), pionero de las cadenas de valor; Hamel y Prahalad (1983‑1994) y Grant (1995) que relacionan estrate‑gias y conocimientos.

    Otras teorías plantean que la creación y sostenibilidad de las ventajas com‑petitivas se explica no por factores externos, sino por factores intra‑em‑presariales de recursos y capacidades para desarrollarlos. Una de ellas es la del aprendizaje organizacional, donde figuran, entre otros, autorescomo Barney (1991), quien señala que la ventaja competitiva de una or‑

    ganización requiere que sus procesos sean raros, valiosos, difíciles de imitar y tener pocos sustitutos. Finalmente, Jean Tirole (1993), premio Nobel de Economía en el año 2014, analiza en su libro “La teoría de la organización industrial”, la interacción entre organi‑zación interna y el mercado del insu‑mo, y destaca el valor de la innovación y la adopción de nuevas tecnologías como elementos estratégicos de la distribución del mercado competitivo”.

    Teoría de los clústeres

    Este concepto (Vera & Ganga, 2007)1 se puede traducir como “agrupamien‑tos industriales”, que corresponden a encadenamientos que se generan entre las distintas etapas de los procesos productivos, y no como la simple aglo‑meración de formas que comparten un determinadoespaciogeográfico, tipozona franca. El estudio de los clústeres comenzó a mediados de los 90, ha‑ciendo énfasis tanto en las formas de articulación empresarial para aumentar laeficiencia,comoenlasredesindus‑triales o sistemas tecnológicos conexos.

    Para M. Porter (2003, p. 203), los clús‑teresson“concentracionesgeográficasde empresas interconectadas, suminis‑tradores especializados, proveedores de servicios, empresas de sectores afinese instituciones conexas, comolas universidades, que comparten pero que también cooperan…”.

    1 El análisis de este concepto se ha hecho con base en el artículo: Vera G., José Ricardo y Ganga C., Francisco A.

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    Otra buena definición es la deRo-senfeld (1996), citado en Otero & Méndez (2004), la cual dice: “… un conjunto de actividades similares determinadasgeográficamente,conactivos canales de transacciones comerciales, comunicación y dialo‑go, que comparten infraestructura especializada, mercado de trabajo y de servicio, y que enfrentan opor‑tunidades y amenazas comunes…”.

    La economía de los clústeres actúa en el campo de las economías de aglome‑ración, donde operan las economías de escala externas, que supone el ahorrodecostosdelasfirmasporma‑yor tamaño del producto industrial. Al respecto, Krugman (1992) considera que el principal factor que impulsa los procesos de concentración espacial es la movilidad factorial, así como las relaciones verticales entre empresas, y la existencia de proveedores, infraes‑tructura e instituciones especializadas.

    Las relaciones entre empresas dan lugar, según Porter (2003), a la forma‑ción de clústeres verticales que reúnen industrias en torno a la compra‑venta, y clústeres horizontales, cuando son firmasquecompartenunmercadoco‑múndebienesfinales,usanunfactorcomún o aplican la misma tecnología. Asimismo, el desarrollo de clústeres se origina en la acumulación de ciertos recursosespecíficos,quebienpuedeser un “pool de capital humano”, como ha sido el caso de Sylicon Valley en San José, California.

    M. Porter (1990) señala que la com‑petitividad de una nación está determi‑nada por la capacidad de su industria para innovar y elevar su productividad. Pero la productividad y crecimiento se ven afectadas por la ubicación de la industria. La naturaleza de las rela‑ciones entre empresas va a explicar la formación de los clústeres, relaciones que, a su vez, están atadas a las cin‑co fuerzas planteadas por el mismo Porter (1985), conocidas como “Dia-mante de la competitividad”, que mueven la competencia de un sector industrial. Ellas son: competidores en el sector industrial, competidores potenciales, competidores sustitutos, compradores y proveedores. De esta forma, la competencia, en su sentido más amplio, podría denominarse “riva‑lidadamplificada”(Porter,1990).

    La competitividad en el contexto histórico colombiano

    La evolución de la competitividad a nivel nacional tiene su punto de partida en los esfuerzos por crear “productivi‑dad”, los cuales se han aplicado desde la época de la conquista hasta el mo‑mento actual; todos ellos permeados por las relaciones sociales que se han dado lo largo de nuestra historia.

    Período colonial

    La colonia, cuyo desarrollo se dio dentro de un período de más de tres siglos, se caracterizó por la conforma‑

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    Competitividad: ConCepto y evoluCión HistóriCa

    ción de un tejido social que, según S. Kalmanovitz (2003), estuvo conforma‑do por conquistadores, terratenientes, indígenas, mestizos, esclavistas y esclavos, mediados por la política colonial de España.

    Los colonizadores intentaron imponer sus sistemas de producción agrícola‑minera, con regímenes de trabajo al cual los indígenas no estaban acostum‑brados. Esto derivó en movimientos ha‑cia el sistema de “encomienda”, y luego a otras formas de producción como fueron el “concertaje o mita”2. Poco a poco la productividad del trabajo fue mejorando con algunas reducciones en la jornada laboral, y el uso del caballo y la mula en las labores agrícolas y, en especial, como modo de transporte. Se introdujeron herramientas que no cono‑cían los indios, como fueron el azadón metálico, el hacha, el machete, el arado de madera con puntas de acero, el rastrillo y la hoz, los cuales elevaron la productividad en el cultivo y cosecha de cereales, la caña de azúcar, y en la molienda de los trapiches, todo ello complementado con sistemas básicos de drenaje, cruce de razas de ganado vacuno y equino, pastos nutridos y uso generalizado de la rueda.

    Esta época está marcada por el es‑píritu emprendedor de dos regiones en particular: Antioquia y Santander,

    cuyos pobladores lideraron activida‑des productivas importantes de tipo artesanal, como los tejidos, el tabaco y la producción de aguardientes en torno a la propiedad parcelaria y bajo una incipiente división del trabajo. La valerosa actitud productiva de ambas “razas” se toparon con la actitud de un Estado colonial cuya ambicion por generar ingresos, sin mayores con‑traprestaciones, frenó este naciente desarrollo empresarial, y de paso sirvió de caldo de cultivo para los movimien‑tos independentistas de los comune‑ros y de otras regiones del virreinato contra los monopolios coloniales y las inescrupulosas cargas tributarias.

    La economia colonial producía bienes de consumo local y los excedentes eran “commodities” en torno a metales preciosos, sal, maderas y especias, que iban hacia la metrópoli, la cual proveía ciertas manufacturas que, en suversionmássofisticada,segenera‑ban en Francia, Inglaterra y Holanda.

    Época de post-independencia

    Se caracteriza por estructuras ins‑titucionales y políticas republicanas gestadas en Europa y Estados Unidos, las cuales condujeron a la abolición de la esclavitud y la aparición, en mayor o menor grado, de nuevas forma de

    2 Encomienda: era la apropiación del trabajo indígena en tribus completas, bajo la supervisión de encomenderos o de sus delegados (caciques u otros colaboradores). El concertaje o mita era un contrato colectivo entre indígenas mitayos y el cacique y entre el cacique y la autoridad real para explotar las tierras y minas a costa del abuso laboral de los indígenas.

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    produccion y técnicas (muchas de ellas importadas) en los sectores de la agricultura, la ganadería, la industria, el transporte, la moneda y la banca, así como de nuevas instituciones sobre la propiedad de la tierra, el manejo del dinero y la orientacion, en general, de la economía interna y del comercio exterior. La época republicana, aparte de limitar la tenencia de la tierra y los ingresos de la iglesia, a través de la ex‑tención de los diezmos, trajo la libertad de cultivos que, unida a las mejoras de transporte, en lo relacionado a la navegación por el río Magdalena, permitió, por ejemplo, que la industria tabacalera generase, hacia finales de la década de 1860, excedentes importantes para la exportación, al igual que las exportaciones de quina a comienzos de la década de 1880. Sin embargo, es la producción de café la que generó, a comienzos de 1850, un fenómeno económico trascendental de nivel nacional que permitió, no solo abrir un renglón clave de exportación, sino también generar desarrollo y cali‑dad de vida en las regiones cafeteras.

    La actividad industrial fue muy limitada durante el siglo XIX debido a varios factores: primero, el tamaño pequeño del mercado interno, hecho que im‑pedía la generación de economías de escala; segundo, la falta de insumos básicos; tercero, las dificultades deltransporte; y cuarto, la pobre capa‑citación laboral e incorporación de nuevas técnicas. Así, lo que primó fue la producción artesanal de consumo

    local, pese a algunos esfuerzos de organización manufacturera en la sabana de Bogotá.

    En lo relativo a transporte, el país se movió muy lentamente debido a la complejidad montañosa de su geo‑grafía, en su área central‑occidental, y a las extensas llanuras y selvas tropicales de la Orinoquía, la Ama‑zonía yelChocóbiogeográfico. Loselementos articuladores más a la mano fueron los ríos Magdalena y Cauca, con la navegación a vapor, y a ellos se les fueron integrando, como a una columna vertebral, las vías muy precarias para tránsito humano y de mulas, que daban acceso a los incipientes núcleos urbanos. El tren como transporte revolucionario de la época tuvo su inauguración en enero de 1855 con el ferrocarril de Panamá. Otras líneas férreas como las de Ba‑rranquilla y Puerto Salgar, el ferrocarril de Antioquia, el de la sabana y el de Puerto Wilches tuvieron desarrollos muy incompletos en la segunda mitad del sigloXIX, debido a la dificultadde los terrenos, la precariedad de los equipos y el manejo técnico, aunado a la perturbación de las guerras civiles.

    Período 1900-1950

    Este período se inició para Colombia con el accionar de la Guerra Civil de los Mil Días, cuyo origen, según el mis‑mo Kalmanovitz, fue más por causas económicas que políticas.

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    Competitividad: ConCepto y evoluCión HistóriCa

    La circunstancia de la Primera Guerra Mundial (1914‑1918) fue un factor que limitó el comercio y, sobretodo, las exportaciones, pero de paso, igual que durante la segunda guerra mundial (1939‑1945), obligó al país a autoa‑bastecerse de ciertos productos de origen agrícola, así como de muchos bienes de consumo final y algunosintermedios que sustituían importacio‑nes. Este proceso de industrialización estuvo aupado, en principio, por las doctrinas del liberalismo manches‑teriano, donde el Estado no debería limitar la acción privada empresarial con pesadas cargas tributarias, pero sí ejecutar obras públicas de interés común y proteger la producción nacio‑nal con aranceles a las importaciones.

    La Gran Depresión de los años 30 constituyó un fenómeno mundial que puso a prueba la capacidad económi‑ca de los países y se volvió un reto, desde la aplicación de políticas macro, hasta la revisión de las organizaciones empresariales para hacer frente a la crisis y dar lugar al modelo de susti‑tución de importaciones, denominado por la CEPAL como “desarrollo hacia dentro”. Este modelo arrojó resultados positivosperoinsuficientesdebidoalapresencia de grandes limitaciones en infraestructura físico‑social, concer‑niente con el suministro de energía, comunicaciones, vías y transporte, sistemas de acueducto y alcantarilla‑do, capacitación laboral y cobertura en salud para los trabajadores. Además, el país que había dejado atrás el fan‑

    tasma de las guerras civiles, comienzó a vivir períodos de inseguridad pública sobre todo en las áreas rurales, debido a la aparición de la violencia partidista.

    Período 1950-1990

    Los gobiernos correspondientes a este período se empeñaron en adelantar obras públicas claves, como infraes‑tructura vial y desarrollos hidráulicos en torno a las grandes ciudades, te‑lefonía, acueductos y alcantarillados urbanos, impulso fuerte a la educación en los tres niveles, introducción de la televisión, desarrollo aeroportuario, de vivienda y de servicios públicos urbanos para atender la masiva mi‑gración campo‑ciudad. Estos avances en infraestructura física complementan muy bien el modelo económico de “de‑sarrollo hacia afuera” con el enfoque dediversificacióndeexportaciones.

    Hasta el comienzo de los años 50 y 60, la capacidad exportadora del país de‑pendía básicamente del café, petróleo, banano, oro y esmeraldas, los cuales con excepción del primero, constituían sectores típicos de enclave, pues además de tener su producción locali‑zadaenáreasgeográficasespecíficas,generaban poca demanda nacional, así como pocas divisas disponibles para diferentes usos domésticos. El país había hecho un gran esfuerzo de autoabastecimiento por la vía de la sustitución de importaciones, el cual constituyó el motor de la incipiente in‑

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    dustrialización durante las tres décadas anteriores a los años 50, cimentada en la protección arancelaria efectiva contra las importaciones y en fuertes incrementos del tipo de cambio real. Es entonces cuando el gobierno de Carlos Lleras Restrepo da un viraje con la Ley 444 /67 e impulsa de manera categórica las exportaciones no tradicionales, per‑mitiendounatasaflexibledecambio,colocándole de esta manera límite a la remisión de utilidades de la inversión extranjera e introduciendoelCertificadode Reembolso Tributario (CERT), como un subsidio explícito a dichas expor‑taciones menores. A comienzos de la década de los 70, las exportaciones de manufacturas (textiles) y produc‑tos agropecuarios (algodón, azúcar, tabaco, banano y carne) se ampliaron mucho, aunque luego perdieron dina‑mismo (Kalmanovitz, 2003, p. 457). Los gobiernos de Pastrana (1970‑1974) y López (1974‑1978) orientaron la politíca macro a la luz de las tesis neoliberales monetaristas, enfatizando en abrir la economíaalcomerciomundialyalflujointernacional de capitales, tomando medidas antiproteccionistas como bajar el arancel externo a menos de la mitad y eliminar prácticamente la lista de pro‑ductos de prohibida importación. Simul‑táneamente, siguiendo a Kalmanovitz, hubounimpulsodelnarcotráfico(ma‑rihuana y coca) que, con abundancia de dólares, redujo el precio del dólar negro y dió lugar a la proliferación de los “sanandrecitos” que importaban de contrabando todo tipo de bienes livia‑nosdeconsumofinal.Estocondujoa

    una cierta desindustrialización de bie‑nes que el país venía generando desde décadas atrás, pero al mismo tiempo permitió que los productores de dichos bienes, pudieran revaluar calidades y técnicas de producción para alcanzar mayor competitividad.

    Duranteel períodode finalesde losaños 70 y comienzos de los 80, según el autor, se conjugaron cuatro fenóme‑nos contra el esfuerzo de las expor‑taciones manufactureras y agrícolas menores, como lo fueron la bonanza cafetera, el narcotráfico, la llegada masiva de capitales externos ante las altas tasas internas de interés y la re‑valuación del peso. Las tres primeras dieronlugaraafluenciadedivisasquerefuerzan la revaluación y con ella el consumo de bienes. El mayor consumo generainflaciónyesta,unidaalare‑evaluación, impacta negativamente el esfuerzo exportador. En otras palabras, un tipo de exportaciones fuertes (café y narcóticos) desplaza a otro tipo de bie‑nes agrícolas e industriales que venían siendo objeto de consumo interno y externo, los cuales son sustituidos por importaciones libres. Esto da lugar a lo que se conoce como “la enfermedad holandesa”, que en el caso de Colom‑bia, hizo que se resintiera el empleo legal y se generaran nuevas formas de empleo abiertamente ilegales, como el “lavado de dólares”, testaferrato, sicariato, jibaro, reducidor, y otros in‑formales como el de guardaespaldas y conductor de vehículos privados al serviciodelosmafiosos.

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    El alza estrambótica del precio del pe‑tróleo, que enriqueció a los países de la OPEP, aunado a los racionamientos eléctricos de las décadas de 1970 y 1980, generaron un efecto adverso en contra de la productividad industrial, sobre todo de textiles, confecciones, eletrodomésticos, calzado, autopartes y perfumes, por cuanto requería una reconversión frente a la amenaza de lamasiva y eficiente producción depaíses como Corea, Japón, Hong Kong y Singapur.

    En la década de los 80, los esfuerzos estatales, que facilitaron procesos de inversión conjunta con empresas transnacionales, hicieron que el país asegurara una fuente de divisas, con la producción de “commodities” en torno a la minería de carbón y níquel, y con la exploración y explotación de nuevos pozos de petróleo en cabeza de Eco‑petrol. Sin embargo, dejó de lado los criterios internacionales de calidad y cumplimiento, y no llevó a cabo de ma‑nera efectiva procesos de innovación ni capacitación del recurso humano, por lo cual la competitividad externa de la industria nacional se redujo.

    Período 1990-2016

    A partir de los 90, el gobierno de César Gaviria se lanza por la senda de la apertura económica, que se tradujo en mayor tributación a las ventas y a las utilidades; reformas laborales (Ley 50) que facilitaban el despido de

    trabajadores; apertura de capitales externos; reformas cambiarias que dejaban el manejo de divisas en ma‑nos del Banco de la República, de los bancos y de las casas de cambio; pri‑vatizaciones de empresas estatales y mayoreficienciaenelfuncionamientodel Estado; integración con economías vecinas, en particular con Venezuela, y desgravación arancelaria (Departa‑mento Nacional de Planeación, 1995, p. 51‑53; Buitrago, 2012, p. 27).

    La Constitución de 1991 le dio un nuevo aire, no solo a la economía, sino también, y principalmente, a los campos de la política, la justicia, el régimen territorial y la modernización del Estado en medio del reto planteado por las fuerzas oscuras y violentas del narcotráfico,laguerrillayelparamili‑tarismo que le restaban efectividad y seguridad a cualquier esfuerzo pro‑ductivo. La década del 90 fue como un tiempo perdido para el país. El sector público y privado gastaban por encima de sus posibilidades de ingreso hasta que estalló la crisis en agosto de 1998, que se evidenció en una contracción del PIB real de ‑4,3% en 1999, en un colapso del sistema de vivienda de uni‑dades de poder adquisitivo constante (UPAC)yenunaumentosignificativo(20%) de la cartera morosa de los ban‑cos, muchos de los cuales quebraron y otros se transformaron.

    En el período 2002‑2010 (gobierno de Álvaro Uribe), el crecimiento del PIB fue satisfactorio con una tasa real prome‑

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    dio del 4,3% anual, pese a la recesión del año 2009, cuando el crecimiento del PIB alcanzó apenas el 0,8%. Sin embargo, el país siguió mostrando una gran debilidad en los sectores ma‑nufactureros y agropecuario, aunque se fortaleció en los de construcción, mineríayestablecimientosfinancieros.

    El período 2010‑2016 ha sido relati‑vamente exitoso si se le compara con indicadores macroeconómicos rela‑cionados con el PIB real, el empleo, la inflación,eldéficitfiscal, ladeudaexterna, la variación anual de la tasa de cambio, el estado de las reservas internacionales, la inversión extran‑jera, entre otras, dentro del contexto mundial y latinoamericano.

    Con todo, el modelo de desarrollo presenta serias amenazas en el corto y mediano plazo dada la exposición de suestructuraproductivaalasfluctua‑ciones del comercio exterior. En pocas palabras, la economía colombiana ha seguido el modelo de crecimiento de la mayoría de los países latinoameri‑canos, que impulsados por la creciente demanda mundial de “commodities”, con China como cliente principal, han ido situando sus exportaciones en torno a ese tipo de bienes de origen primario, y que para el caso colombia‑no, han sido carbón, petróleo, níquel, oro, a cambio de las exportaciones agrícolas tradicionales de café, bana‑noyflores.Deestaforma,elpaís,aligual que otras naciones emergentes de Latinoamérica y el mundo, ha caído

    en el patrón de crecimiento econó‑mico conocido como “la trampa de los ingresos medios”. Este enfoque consiste en que estos países basan su “competitividad” en la producción y exportación tanto de materias primas como de productos maquila, los cuales generan cómodamente gracias a la re‑lativa abundancia del recurso natural y de los bajos costos laborales, impulso que se pierde una vez se elevan los salarios o se agotan los recursos na‑turales, o peor aún, en caso de que se presenten “destorcidas” en los precios mundiales, como ha sucedido con el petróleo, todo ello a costa de desviar su estructura industrial y agropecuaria de sus verdaderos objetivos.

    Conclusión

    El examen conceptual de la competi‑tividad nos permite concluir que es un tópico complejo y controvertido, que no opera mediante fórmulas exactas o simples montajes institucionales. La competitividad es un fenómeno que cabalga plenamente sobre el concepto de la productividad de los factores que se manejan en espacios y momentos distintos, dando lugar a la “competi‑tividad sistémica” o “competitividad estructural”, como la llama la Organi‑zación de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE, 1992), la cual coloca la innovación como eje central. Dentro de este contexto, se torna de suma importancia la aplicación de medidasespecíficasdelosgobiernos

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    y las organizaciones privadas en lo concerniente a incentivos, políticas deordenfiscal,monetario,cambiarioo crediticio, infraestructura física, y procesos de capacitación e innovación tecnológica. Algunos de estos factores son coyunturales y cambiantes en el corto plazo, como son las políticas, mientras otros como la infraestructura, la capacitación y la innovación son de largo plazo. No hay “trade off” entre unos y otros factores, ni tampoco su‑ficienciadeningunodeellos.

    La competitividad se debe trabajar sobre las herencias del pasado. Es un proceso acumulativo que requiere examinar lo que se tiene, sopesarlo, mejorarlo y proyectarlo hacia el futuro. Aunque se haya dicho que “las ven‑tajas comparativas se heredan y las ventajas competitivas se crean”, hay que partir de referentes para construir nuevos nichos de competitividad que permiten “hacerle el quite” a los sesgos entornoavariablesespecíficas,comoha sido la relación entre competitividad y comercio exterior.

    Esta tampoco puede examinarse sola‑mente a la luz de la capacidad nacional, regional, sectorial o empresarial de po‑der moverse en los mercados externos. La productividad, motor de la compe‑titividad, es motivada por el accionar de los mercados en general, donde, dependiendo de sus tamaños, es posible crear productos diferenciados con encadenamientos exitosos hacia adelante o hacia atrás, sin que tengan

    como meta las exportaciones. No se discute, por supuesto, el potencial que ofrecen los mercados externos para motivar la productividad y la innovación, pero no es una condición suficienteparaconstruir competitividad.Alfinyal cabo el resultado de la competitivi‑dad de un país en el contexto mundial depende de la etapa de desarrollo económico en que se ubique y éste es un asunto de largo plazo.

    Finalmente, la competitividad habrá que barajarla a la luz de la denominada “cuarta revolución industrial”, entendida como “la internet de las cosas” (Alarcón, D., 2016), concepto que rebasa “la red”, apoyado en plataformas, donde bienes, equipos automatizados y personas inte‑ractúan temporal y espacialmente. Este esun fenómenoquemodificarámu‑chosdelosconceptossobreeficienciay productividad que conocemos hasta ahora y que requiere, por supuesto, de otro espacio de análisis, pero sin duda, genera expectativas y preocupaciones.

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