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  • R

    R. En la lógica de las relaciones (véase RELACIÓN), la letra mayúscu- la Ή* sirve como notación abreviada para los abstractos dobles. Así, en el esquema relacional '* R y, la letra 'K se lee 'tiene la relación R con' y el esquema completo se lee 'x tiene la relación R con y'. Otras letras usa- das para el mismo propósito son 'Q', 'S'. Se dice entonces 'la relación Q', 'la relación R', 'la relación S'.

    Para el uso de la letra minúscula V en la lógica sentencial, véase P.

    RÁBANO MAURO, Rabanus o Hrabanus Mauras (784-856), nac. en Maguncia, discípulo de Alcuino, el promotor del llamado Renacimiento carolingio, en Tours, fue abad en la abadía benedictina de Fulda en 802 y obispo de Maguncia desde 847. Rába- no Mauro es importante sobre todo como transmisor de la cultura latina y como enciclopedista y educador—fue llamado praeceptor Germaniae. La in- fluencia de Rábano Mauro fue con- siderable durante toda la Edad Me- dia. Dos obras especialmente fueron muy difundidas y comentadas: De clerlcorum institutíme, plan de estu- dios para sacerdotes germánicos si- guiendo el modelo del Trivium y el Quadrioittm, y el De universo, origi- nalmente titulado De rerum naturis et verborum proprietatibus et de mys- tica rerum significatione, enciclope- dia en la cual son descritas las cosas de acuerdo con la significación (eti- mológica) de sus nombres y con las interpretaciones simbólicas que pue- den darse de los mismos. Mediante esta última obra Rábano Mauro con- tribuyó a la formación del vocabu- lario filosófico y teológico latino. Se deben asimismo a Rábano Mauro un tratado gramatical y otro tratado so- bre el alma. Se le atribuyen algunas glosas sobre la Isagoge de Porfirio y sobre el De interpretatione de Aris- tóteles.

    Ediciones de obras: Colonia, 1627; PL. CVII-CXII. — Véase O. Tümau,

    Hrabanus Mourus, der praeceptor Germaniae, 1900. — E. Bertram, Hrabanus Mourus, 1939. — W. Mid- del, Hrabanus Mourus, der erste deutsche Naturwissenschaftler, 1943 (Dis.).

    RACIONALES. Véase LIBREPEN- SADORES.

    RACIONALISMO. El vocablo 'ra- cionalismo' puede entenderse de tres modos. (1) Como designación de la teoría según la cual la razón (VÉASE), equiparada con el pensar o la facul- tad pensante es superior a la emoción y a la voluntad; tenemos entonces un racionalismo psicológico. (2) Como nombre de la doctrina para la cual el único órgano adecuado o completo de conocimiento es la razón, de modo que todo conocimiento (verdadero) tiene origen racional; se habla en tal caso de racionalismo gnoseológica o epistemológico. (3) Como expresión de la teoría que afirma la realidad es, en último término, de carácter racio- nal; nos las habernos así con el ra- cionalismo metafísico. El racionalismo psicológico suele oponerse al emocio- nalismo y al voluntarismo y a veces se identifica con el intelectualismo. El racionalismo gnoseológico se opone o contrapone al empirismo o, en oca- siones, al intuicionismo. El racionalis- mo metafísico se opone en ocasiones al realismo (entendido como "realismo empírico") y a veces —con más fre- cuencia— al irracionalismo (VÉASE).

    Las tres significaciones menciona- das de 'racionalismo' se han combi- nado con frecuencia; algunos autores han admitido el racionalismo psicoló- gico y gnoseológico, por haber pre- viamente sostenido un racionalismo metafísico; otros han partido del ra- cionalismo gnoseológico y han con- cluido de él el racionalismo metafísico y el psicológico; otros han tomado el racionalismo psicológico como punto de partida para derivar de él el ra- cionalismo gnoseológico y el metafí- sico. Sin embargo, es posible admitir uno de los citados tipos de raciona-

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    lismo sin por ello adherirse a cual- quiera de los restantes. Además, es posible sostener una forma de racio- nalismo sin oponerse a algunas de las tendencias que grosso modo hemos considerado hostiles a la tendencia (o tendencias) racionalistas. Ejemplo de esta última posibilidad la tenemos en el empirismo moderno. En una gran medida, en efecto, los empiristas mo- dernos —especialmente los grandes empiristas ingleses: Locke, Hume y otros—, aunque suelen combatir el llamado "racionalismo continental" —de Descartes, Leibniz, etc.—, no por esto dejan de ser racionalistas, cuando menos desde el punto de vis- ta del método usado en sus respecti- vas filosofías. Por tal motivo se ha preferido definir el racionalismo no como el mero y simple uso de la ra- zón, sino como el abuso de ella. En particular, y en especial durante la época moderna, se na tendido a con- siderar el racionalismo como una ten- dencia común a todas las grandes co- rrientes filosóficas; lo que ha sucedido es que algunas de éstas han acogido ciertos rasgos del racionalismo meta- físico, en tanto que otras se han li- mitado al racionalismo gnoseológico.

    Muy influyente ha sido el raciona- lismo —especialmente el metafísi- co— en la filosofía clásica griega. En algunos casos (como en Parménides) ha alcanzado caracteres extremos, pues la afirmación de la supuesta racionalidad completa de lo real ha exigido la negación de cuanto no sea completamente transparente al pen- samiento racional — y aun al pensa- miento racional basado en el principio ontológico de identidad (VÉASE). El movimiento ha sido denunciado por ello como no existente; para Parmé- nides, en efecto, sólo es predicable ("decible", "enunciable") el ser in- móvil, indivisible y único, que satis- face todas las condiciones de la plena racionalidad. En otros casos (como en Platón) se ha "atenuado" esta exi-

  • RAC gencia de completa racionalidad (me- tafísica y gnoseológica), dándose ca- bida en el sistema del conocimiento a los "fenómenos" y considerándose las "opiniones" como legítimos sabe- res. Pero puesto que, aunque legíti- mas, las "opiniones" son insuficientes desde el punto de vista de un saber completo, el racionalismo parmenidia- no ha vuelto a surgir como un pos- tulado difícil de evitar. Si la realidad verdadera es lo inteligible, y lo inte- ligible es racional, la verdad, el ser y la racionalidad serán lo mismo, o cuando menos serán tres aspectos de una misma manera de ser. Contra es- tas tendencias racionalistas, extremas o atenuadas, se erigieron en la Anti- güedad numerosas doctrinas de ca- rácter empirista. En algunas de éstas (como en Aristóteles y muchos peri- patéticos), el componente racionalista es todavía muy fuerte, tendiéndose a un equilibrio entre racionalismo y em- pirismo; en otras (como en los em- piristas stricto sensu y en los escépti- cos, epicúreos de la escuela de Fi- lodemo de Gadara, etc.) el raciona- lismo desaparece casi por completo. Hay que observar que en numerosas tendencias racionalistas antiguas, el racionalismo no se opone al intuicio- nismo ( en la teoría del conocimiento), por cuanto se supone que la razón perfecta es equivalente a la perfecta y completa intuición (VÉASE). En varias corrientes, el racionalismo se integra con tendencias místicas, las cuales son consideradas como la cul- minación del proceso del conocimien- to racional.

    Las corrientes citadas subsistieron durante la Edad Media, aun cuando resultaron notablemente modificadas por la distinta posición de los pro- blemas. La contraposición entre la razón y la fe y los frecuentes intentos para encontrar un equilibrio entre am- bas alteraron substancialmente las ca- racterísticas del racionalismo medie- val. Ser racionalista no significó forzo- samente durante la Edad Media ad- mitir que toda la realidad —y en par- ticular la realidad suma o Dios— fue- ra racional en tanto que completa- mente transparente a la razón huma- na. Se podía, pues, ser racionalista en cosmología y no en teología. Se po- día considerar el racionalismo como la actitud de confianza en la razón hu- mana con la ayuda de Dios. Se podía admitir el racionalismo como tenden-

    RAC cía susceptible —o no susceptible— de integrarse dentro del sistema de las verdades de la fe, etc., etc. Al mis- mo tiempo, se podía considerar el ra- cionalismo como una posición en la teoría del conocimiento, en cuyo caso se contraponía al empirismo. Frecuen- te fue sobre todo contraponer el ra- cionalismo platónico con el empirismo aristotélico, y aun aceptar este último como punto de partida para desembo- car en el primero — en una versión modificada del mismo.

    El impulso dado al conocimiento racional por Descartes y el cartesia- nismo, y la gran influencia ejercida por esta tendencia durante la época moderna, ha conducido a algunos his- toriadores a identificar la filosofía mo- derna con el racionalismo y a suponer que tal filosofía constituye el mayor intento jamás realizado con el fin de racionalizar completamente la reali- dad. Algunos intérpretes (como Fran- cisco Romero) señalan que semejante racionalización corre pareja con una ingente inmanentización de lo real y con el firme propósito de reducir la realidad a la idealidad. No puede negarse que hay mucho de ello en los esfuerzos de autores como Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz y Wolff — y hasta en un filósofo como Hegel. Sin embargo, hay en las cita- das filosofías otros muchos elementos junto al racionalismo. Además, no obs- tante la confianza en la razón antes aludida que opera asimismo en los autores usualmente calificados de em- piristas, hay que tener en cuenta el gran trabajo realizado por éstos con el fin de examinar la función de los elementos no estrictamente raciona- les en el conocimiento — y, por ex- tensión, en la realidad conocida. Fi- nalmente, la teoría de la razón ela- borada por muchos autores modernos —declaradamente racionalistas o no— es generalmente más compleja que la desarrollada por las filosofías antiguas y medievales, de modo que